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El tablero político

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en el Congreso.

JOSÉ LUIS ROCA

Hacerse trampas al solitario

Jordi Puntí

Una de dos: o los de Ciudadanos son unos ilusos, o les gusta hacer trampas cuando juegan al solitario

Por lo que vamos viendo, la llegada de Vox en Andalucía al menos será útil para recalibrar la presencia de esa ultraderecha que durante décadas se ha negado que existiera en España, o que a lo sumo era residual. Es como una de esas luces ultravioleta que hay en las discotecas y que revelan las manchas y churretones de vestidos y camisas, así que ahora conoceremos a los que llevan 40 años sin ir a la tintorería. En el caso del PP, por supuesto, la sorpresa es menor. Vox, que surgió de las entrañas populares, puede verse como una broma freudiana: un inconsciente reprimido que de repente sale a la luz en otro partido, sin complejos, de ahí la pulsión histérica en la que ha entrado Pablo Casado desde hace semanas.

Más interesante es el caso de Ciudadanos. Tras haber crecido con una identidad que se forjaba por oposición a los otros —sobre todo en Catalunya—, desde el rechazo, el exabrupto y la descalificación sistemática, Vox les paga con la misma moneda y les obliga a definirse ideológicamente. Así, más de un constitucionalista y defensor del 155 denuncia ahora que Vox utilice la caricatura, el énfasis gratuito y el sarcasmo en sus declaraciones, que se sirva de citas sacadas de contexto, frases mal interpretadas y datos inventados: precisamente la misma estrategia que Rivera, Arrimadas y su partido llevan años aplicando sobre el independentismo catalán para demonizarlo en España.

Las condiciones de Vox también obligan a Ciudadanos a hacer un examen de consciencia. Los teóricos del partido —los Espada, Toutain, Ovejero o Carreras— recomiendan que no haya pactos, y su principal argumento es que Ciudadanos no es un partido nacionalista, incluso le buscan un lugar en la izquierda antinacionalista. Pero la realidad es que Rivera se inflama cuando “solo ve españoles”, su partido se abstiene en la exhumación de Franco y, en las manifestaciones unionistas, desfila sin problemas al lado de la ultraderecha y los agitadores de la violencia fascista. Una de dos: o son unos ilusos, o les gusta hacer trampas cuando juegan al solitario.