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Editorial

La miseria que devora vidas

Convertir a víctimas como las del incendio de Sant Roc de Badalona en culpables es una falta de ética evidente y añade más dolor a una situación lacerante

Los cuerpos de las tres personas fallecidas fueron sacados por las ventanas del edificio.

Los cuerpos de las tres personas fallecidas fueron sacados por las ventanas del edificio. / ACN / PERE FRANCESCH

La miseria tiene múltiples rostros. El del pasado sábado resultó especialmente trágico: tres muertos y una treintena de heridos en un incendio en el barrio de Sant Roc de Badalona. El piso donde se originó el fuego había sido ocupado y sus habitantes habían pinchado la electricidad. Desgraciadamente, esa es la vida cotidiana de muchas personas que no pueden acceder al mercado de viviendas. Los elevados costes de alquiler, un insuficiente parque público de viviendas y, en el caso de los migrantes, la situación irregular que provoca una ley de extranjería disuasoria, conforman la ecuación de la miseria. Convertir a las víctimas de la voracidad inmobiliaria en culpables de sus desgracias quizá da réditos electorales, pero, además de una falta de ética evidente, únicamente añade más dolor a una situación lacerante.

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La mano dura no es la respuesta, ya que solo es un empujón hacia el abismo. A menos derechos, más vulnerabilidad. La situación, lejos de mejorar, empeora cada día. El control es necesario, pero resulta imprescindible desarrollar políticas públicas de acceso a la vivienda. Así como combatir la pobreza energética.

La miseria no es inocua, provoca accidentes, siega vidas. Tampoco son inocuos los recortes y la consiguiente falta de medios. Una escasez que también se evidenció en el rescate de Sant Roc y que solamente la pericia y el arrojo de los profesionales evitó que se saldara con más víctimas. Al fin, otro rostro de la miseria.