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análisis

Theresa May hoy en Liverpool en la presentación del plan del Servicio Nacional de Salud británico.

GETTY IMAGES / ANTHONY DEVLIN

De la pantomima al esperpento

Rosa Massagué

El 29 de marzo está cada vez más cerca, pero la inminencia de la fecha prevista para el 'brexit' no aminora la confusión en torno a la decisión más importante a la que se enfrentan los británicos en muchas décadas

Acabadas las tradicionales pantomimas infantiles navideñas y una vez digerido el pavo al horno con salsa de arándanos y el contundente 'christmas pudding’, el típico pastel copioso y debidamente flambeado con brandy y servido con nata espesa, la realidad del ‘brexit’ ha regresado y lo ha hecho de forma esperpéntica. El mayor ejemplo, el ensayo para probar los planes para el tráfico de mercancías en el puerto de Dover si el Reino Unido abandona la UE sin acuerdo. Participaron 89 camiones cuando por allí circulan diariamente 4.000 y en todos los puertos del canal de la Mancha, un total de 10.000.

El 29 de marzo está cada vez más cerca, pero la inminencia de la fecha prevista para el ‘brexit’ no aminora la confusión en torno a la decisión más importante a la que se enfrentan los británicos en muchas décadas. Pese a lo que está en juego es su futuro, el tic tac del reloj no genera ni serenidad ni ideas claras más allá de la manipulación torticera.

Efectos balsámicos

La única concreción fue el anunció de Theresa May. El Parlamento votará el acuerdo alcanzado con Bruselas el próximo día 15 después de que pospusiera la votación antes de las fiestas navideñas al comprobar que la iba a perder y se fuera, ella y los diputados, de vacaciones pensando quizá en los efectos balsámicos de la Navidad. Ahora sigue aparentemente imperturbable defendiendo su acuerdo para la salida con el argumento de que cumple con lo que los británicos votaron mayoritariamente en el referéndum sobre dicha salida.

Boris Johnson, su exministro de Exteriores y uno de los cabecillas de la revuelta contra la primera ministra y contra su plan, asegura por el contrario que lo que más se aproxima a lo que votaron sus compatriotas es la salida sin acuerdo.

El Partido Laborista por su parte está instalado en la división. Su líder, Jeremy Corbyn, ha sido siempre contrario a la UE en línea con el antieuropeísmo militante del viejo y trasnochado laborismo de los años 70 y 80 del pasado siglo. Disfraza su neta oposición al acuerdo escudándose en que la salida de la Unión Europea respeta la voluntad de los británicos. Sin embargo, la postura de Corbyn no es la de los militantes laboristas ni la de sus votantes y seguidores que ahora, recuperado el realismo y el pragmatismo tradicional británico, temen un desastre y son partidarios de un segundo referéndum. A este desconcierto general cabe añadir las iniciativas conjuntas de parlamentarios de distintos partidos, como la de una enmienda a la ley de presupuestos destinada a bloquear un ‘brexit’ sin acuerdo, o la campaña para pedir una nueva consulta.

Presiones y manipulaciones

La semana que queda hasta el voto del día 15 en el Parlamento será rica en presiones y manipulaciones de todo tipo, algunas sutiles y otras, indecentes, como la que ayer padeció Anna Soubry, una diputada conservadora favorable a la permanencia del Reino Unido en la UE, a quien unos energúmenos insultaron ante las cámaras de televisión al grito de ‘nazi’. “¡A esto hemos llegado!”, exclamó la política. Pues sí. A esto se ha llegado gracias a la acción de unos políticos sin escrúpulos, llámense Johnson o Nigel Farage, y de otros, incompetentes, ya sean May o Corbyn