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El ecosistema comunicativo

Cómo sobrevivir a la era de las 'fake news'

LEONARD BEARD

Cómo sobrevivir a la era de las 'fake news'

Cristina Ribas

La toma de decisiones está muy condicionada por las emociones, algo que saben utilizar muy bien los que fabrican y difunden mensajes persuasivos

El ecosistema comunicativo nos condiciona, estemos o no en las redes sociales, seamos más o menos conscientes de las 'fake news'. El funcionamiento no es nuevo pero se ha vuelto muy poderoso gracias a la tecnología digital. Intentemos entenderlo para sobrevivir.

A menudo se dice que para tomar buenas decisiones hay que aplicar la razón y dejar de lado las emociones pero ambos procesos van siempre muy unidos. El error de Descartes, según el neurólogo Antonio Damasio, es no darse cuenta que el pensamiento para ser verdaderamente efectivo debe ser guiado por las emociones. Las acciones que emprendemos, fruto de esta simbiosis, no son innatas, tal como explica Jordi Serrallonga buen conocedor de la evolución humana, están condicionadas por lo que hemos vivido y, al mismo tiempo, sometidas a nuevas influencias, pero son voluntarias.

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¿Qué significa esto a la hora de procesar y aplicar información? El primer problema que tenemos es el sesgo adquirido. Cuando más nos acercamos a analizar lo que hacemos o lo que somos, más susceptibles somos de caer en trampas de nuestra propia percepción. Incluso la ciencia ha sufrido a lo largo de la historia errores y omisiones por este motivo. La filósofa Evelyn Fox Keller, por ejemplo, denunció que el papel activo del óvulo en la reproducción no fue estudiado hasta los años 60, precisamente cuando los movimientos feministas reclamaron más protagonismo para las mujeres. A ningún científico se le había ocurrido antes. Excepto en matemáticas, el sesgo se da con mayor o menor grado, en todas las disciplinas.

Igualmente, todo el mundo lleva incorporada una carga ideológica heredada de la familia, la escuela y el entorno, que, a su vez, vamos modelando con los estímulos que recibimos. Y ahí tenemos un segundo distorsionador. Nuestros posicionamientos están sometidos a las interpretaciones que nos llegan por múltiples canales: medios tradicionales, redes e interacciones cara a cara. La toma de decisiones, aunque se haga a partir de datos y hechos, está fuertemente condicionada por las emociones, algo que saben utilizar muy bien los que fabrican y difunden mensajes persuasivos. El uso de la tecnología actual hace que cada vez seamos más vulnerables a la manipulación intencionada porque es prácticamente imposible darse cuenta. Las 'fake news' y la desinformación interesada inciden en una base ideológica y se adaptan a nuestras reacciones emocionales. Así se diseñan los comportamientos electorales o de consumo.

Hemos de tener espíritu crítico y ser escépticos por naturaleza, desconfiando de nuestros propios sesgos

¿Qué podemos hacer? Tener espíritu crítico y ser escépticos por naturaleza. El primer paso es desconfiar de nuestros propios sesgos. Admitiendo que los tenemos, podemos reconocerlos y rechazarlos cuando generan demagogia e injusticias. En segundo lugar, es muy saludable consultar fuentes diferentes y salir de la burbuja autocomplaciente. Quizás no nos escaparemos del todo, pero seguro así no será tan fácil caer en la manipulación. Y finalmente, actuar, canalizando la razón y la emoción hacia la creatividad, el humor y la imaginación. Porque si queremos transformar situaciones que no nos gustan, no podemos dejarlas en manos de los que saben influir en nuestras emociones.