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Rakitic se anticipa a Jaime Mata.

EFE / RODRIGO JIMÉNEZ

Una noche de gladiadores

Jordi Puntí

De repente entendí por qué su estadio se llama el Coliseo

Misterios de las matemáticas: si una victoria son tres puntos, y en un empate los dos equipos se llevan un punto cada uno, ¿dónde va a parar ese punto que no gana nadie, como por ejemplo en el partido Sevilla-Atlético de Madrid? Respuesta: los de ayer se los quedó sobre todo el Barça. Ganando su partido contra el Getafe, saca ahora una ventaja de cinco puntos sobre sus más inmediato perseguidor y además ve como el Real Madrid se hace aun más pequeño en el retrovisor.

Bien pensado, no es mal negocio que el primer encuentro del 2019 le enfrentara al equipo más correoso, agresivo e incómodo de la Liga española: fue toda una lección de realidad que obligó a los jugadores del Barça a quemar los turrones y mazapanes de estas fiestas. Recordemos que veníamos de un entrenamiento a puertas abiertas en el Miniestadi, hace un par de días, que había sido como una cita en Disneyland Paris. Los jugadores se divirtieron, el público se lo pasó bien, todos los niños querían ver a Messi, y Messi les obsequió con un gol, a pase directo de Ter Stegen, que parecía hecho con los efectos especiales de Aquaman.

Siempre al límite

En lugar de recibirles todavía bajo el influjo del espíritu navideño, pues, ayer el Getafe abrió al Barça las puertas de su particular infierno. De repente entendí por qué su estadio se llama el Coliseo: a los de Bordalás les gusta convertir el fútbol en un combate de gladiadores. Noble, pero al límite. El Getafe se presenta con una presión y una intensidad que parece que en todo momento estén disputando los últimos minutos de un partido en el que se juegan, no sé, la permanencia. El plan es sencillo: en la delantera, rematadores como Mata, Ángel y Molina, que convierten el área en 'La jungla de cristal', y detrás una serie de jugadores -escuela uruguaya- que son de los que rascan, dejan huella y te obligan a buscar en el diccionario el verbo amedrentar. Gente como Damián Antunes, candidatos al prestigioso 'Premio Sergio Ramos' al defensa más avasallador.

Con este panorama, al que se añadió un árbitro tarjetero, que ponía de los nervios a los azulgranas, hay que entender como una proeza que el Barça se llevara el partido. Entre tanto ardor y combate, hubo fases en las que los de Valverde dejaron ver su mejor versión de equipo que domina el cotarro. Incluso pudimos sacar algunas conclusiones para este nuevo año. La primera es que no hay cacofonía si Arthur Arturo juegan juntos en el centro del campo -siempre, claro, que sea el brasileño quien lleve la batuta-. La segunda es que Messi lo quiere todo y lo quiere ya, y junto a su gol y su repertorio de pases, me quedo con la carrera que se pegó en el minuto 92 para intentar culminar una jugada. Su hambre es pantagruélica, y además la transmite a sus compañeros.

Temas: Messi