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análisis

Dos yemenís buscan comida en un vertedero en la ciudad de Aden, Yemen.

REUTERS / FAWAZ SALMAN

Las crisis anunciadas del 2019

Rafael Vilasanjuan

Es difícil adivinar dónde estará lo peor del sufrimiento humano en el año que ahora empieza, pero podemos predecir las escalas del mapa donde se van a producir buena parte de las crisis que lo provocan

Hay puntos en el mapa donde a pesar de nuestros mejores deseos ya sabemos que el 2019 no va a ser un año feliz. Lugares donde el 2018 no cerró todas sus cuentas y otros donde pueden emerger nuevas. Es difícil adivinar dónde estará lo peor del sufrimiento humano en el año que ahora empieza, pero podemos predecir las escalas del mapa donde se van a producir buena parte de las crisis que lo provocan.

Empecemos por donde ya sabemos que el infierno existe. Siria no ha terminado. Aunque todo el mundo da por descontada la victoria del régimen de Bachar el Asad, hay múltiples razones para pensar que el final del conflicto que ha generado más refugiados y desplazados en el mundo durante este siglo, está lejos de un final feliz. Para empezar porque el régimen, el mismo que estaba en el origen del conflicto, solo es capaz de venganza y aunque tiene las riendas en Damasco, al mismo tiempo sufre en otras zonas donde grupos rebeldes siguen activos y combatiendo. Todavía quedan mas de 3 millones de personas en zonas al norte del país bajo el poder de grupos rebeldes, que mantienen el control gracias a un acuerdo entre Turquía y Rusia.

Por otra parte, la retirada de las tropas americanas, anunciada ya por Donald Trump, puede suponer un nuevo frente en la lucha por el poder en el Kurdistán. Mientras este escenario persista, es difícil pensar que Siria esté preparada para recibir a los refugiados que huyeron y aunque se calcula que buena parte de los que salieron de las zonas controladas por el Estado Islámico podrían regresar si se estabiliza la guerra, lo cierto es que, del grueso de todos los que se fueron, el regreso apenas alcanzará a medio millón, el resto seguirá buscando destino fuera.

Crisis en Yemen

Tampoco ha terminado la guerra en Yemen. Aunque haya diálogo entre las partes enfrentadas, si se llega a un acuerdo -por ahora solo un suponer- la guerra podría entonces derivar en una serie de conflictos locales, mientras mas del 80% de la población del país depende de la ayuda humanitaria, ya sea por falta de agua, de comida, abrigo o todo ello junto. Mientras tanto el terrorismo radical islámico se desplaza al cuerno de África y sobre todo al norte de Nigeria. Allí renace el Estado Islámico y se expande por Estados como Mali o Burkina que difícilmente pueden hacer frente a las células cada vez mas potentes.

Va a más también la amenaza del cambio climático. A pesar de que los nuevos líderes salvajes de occidente, de Trump a Bolsonaro, hablen de una confabulación marxista, el calentamiento es tan cierto como que el año pasado en Afganistán y Somalia la sequía ya desplazó a más personas que la violencia. Las consecuencias del clima unidas a un conflicto acaban generando las peores crisis. Como ocurre con las enfermedades infecciosas que emergen en cuanto los países se desestabilizan como el caso de Venezuela, donde el desplazamiento y la falta de servicios han propiciado la expansión de la difteria o la malaria, enfermedades que estaban prácticamente erradicadas en ese país donde el éxodo se cuenta ya en millones.

Cifra sin precedentes

En resumen, entre la violencia y el calentamiento hemos terminado el año con un record hasta ahora impensable: casi 70 millones de personas han sido obligadas a abandonar sus casas. Este drama afecta ya al 1% de la población mundial, una cifra sin precedentes. No todos han conseguido pasar una frontera y convertirse en refugiados, la mayoría son desplazados dentro de su propio país.

Los rohinyás en Birmania, los afganos, los somalís, la población en la Republica Democrática de Congo, en la República Centroafricana o en el Sur de Sudán son algunas de las crisis anunciadas, lugares donde la violencia extrema sigue generando la expulsión de un número de personas cada vez mayor. Sin casa, sin tierra, sin recursos, millones de personas seguirán a expensas de la ayuda humanitaria. Lo preocupante es que lejos de remitir la cifra crece y aunque pagaríamos por equivocarnos este mapa de un mundo en crisis cada vez tiene más escalas.