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Editorial

Los retos del crecimiento de El Prat

El aeropuerto de Barcelona afronta el riesgo de saturación ante el récord de pasajeros

El aeropuerto de El Prat, el pasado 21 de diciembre.

El aeropuerto de El Prat, el pasado 21 de diciembre. / JORDI COTRINA

El crecimiento del aeropuerto de Barcelona-El Prat es un hecho incontestable. A falta de cifras oficiales, las estimaciones apuntan a que la instalación cerró el 2018 en casi 50 millones de viajeros, un volumen que lo consolida entre los principales aeropuertos de Europa a nivel de pasajeros. Son cifras para celebrar, puesto que se trata de una infraestructura clave para la economía catalana. La inauguración de la terminal 1 y el esfuerzo unitario de las administraciones, a través de la entidad CDRA, en captar nuevas aerolíneas y destinos, han contribuido a este incremento.

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Sin embargo, estas cifras no debe hacernos caer en la autocomplacencia, más bien al contrario, es el momento de analizar los retos que se plantean precisamente por el aumento de pasajeros, y actuar antes de que la infraestructura sufra una saturación que ya empieza a notarse. Entre los problemas más acuciantes, está el de la puntualidad de los vuelos. El aeropuerto barcelonés está entre los que más retrasos acumulan del mundo (ocupa la posición 1.009 de un ránking de 1.200). Otro gran desafío viene dado por el propio tamaño de la instalación, que se está quedando pequeña. La construcción de la terminal satélite de la T-1 (incluida en el plan director 2017-2026 del Ministerio de Fomento), con la inversión pertinente, permitiría ganar capacidad. Son mejoras necesarias para no perder oportunidades de crecimiento, como seguir aumentando las conexiones intercontinentales.