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LIBERTAD CONDICIONAL

Queridos Reyes Magos

Joan Puig

Queridos Reyes Magos

Lucía Etxebarria

Lo primero que os quiero pedir este año es algo que me traeríais dentro de un año, precisamente cuando éste se acabe. Quiero a Mario Casas en las campanadas. Pero no vestido de cualquier manera, no. Lo quiero vestido con unas bermudas de flores y un collar a juego y zapatos con calcetines. He visto una foto de un modelo ataviado de tal guisa en el desfile de la última colección de DSquared en Milán. ¿Que no puede ser Mario Casas? Me valen Nando Escribano, Christian Gálvez, Cantizano, Aitor Trigos

Desfile de bañadores DSquared.  / EL PERIÓDICO

 

¿Que pasará frío? No creo. Cristina Pedroche ha salido al balcón en una de las noches más frías del año dentro de lo que un periódico –que no es este– dijo que era un "vestido de hada porno" aunque en realidad era una copia de un traje de novia de YSL de 1999, un bikini de flores con una capita. ¿Que es una idea ridícula? Si tanta gente cree que no es ridículo que Pedroche dé las campanadas ligeras de ropa, ¿por qué va a ser ridículo en un hombre?

Y es que mientras sigamos pensado que una mujer puede presentar uno de los eventos más vistos del año ligera de ropa, pero un hombre no puede hacerlo, será porque aún vivimos en una sociedad sexista en la que una chica sale en bikini al lado de un hombre en esmoquin, porque aún pensamos que al hombre se le valora por lo que hace y a la mujer, por cómo luce.

Queridos Reyes Magos, si no puedo tener a Mario Casas en bermudas, quiero el menos una sociedad diferente.

En otro orden de cosas,os diré que me sorprendió mucho leer una frase a propósito de vuestros regalos. Una periodista propuso que le enviaran historias narrando la pobreza cotidiana y uno de los tuits contaba que "los Reyes iban a tener que comprarle los regalos a la niña en el Lidl". Eso me recordó una historia de hace muchos años, cuando yo era pequeña. Nosotros –ya lo sabéis, que para algo sois magos– éramos siete hermanos. Año tras año, yo os pedía la casa de Hogarín con la familia de Hogarín. Jamás llegaron, ni la casa ni la familia. Yo no entendía por qué mis amigas tenían la casa de Hogarín, la familia de Hogarín y además las Barriguitas y todas las Nancys, la rubia, la morena, la castaña y la negra.

Yo llegué a tener la rubia, porque no tener Nancy hubiera supuesto la exclusión social de facto en el ambiente en el que vivía. Pero no pude tener varias Nancys, mucho menos sus vestiditos, aunque mis amigas tenían unos armarios de la Nancy con más modelos que el de Kim Kardashian. Mi hermano tuvo que explicarme que los Reyes sois así, que los Reyes de los niños ricos no son los Reyes de los niños pobres, y los Reyes de familia numerosa tampoco es que se enrollen mucho.

Entonces no había Eurodisney. Disneyworld se acababa de inaugurar y no iba mucha gente, así que me ahorré lo que luego tuvo que vivir mi hija: el oprobio de ser la única niña de su clase que no ha visitado un parque de Disney en un cumpleaños. En fin, mientras mis amigas tenían fiestas con payasos, montañas de regalos y … yo tenía un solo regalo de mi madre. A veces puede que dos.

Solo conservo dos juguetes de mi infancia: un oso sin ojos y el bebé sin marca que compró mi madre en un bazar

Pero uno de los regalos fue muy especial. Mi madre fue a un bazar a comprar un muñeco bebé, barato. No era de Famosa, que eran las muñecas caras de la época. Este bebé no tenía marca. Pero llegó con dos faldones bordados, con baberos a juego, camisitas de lino, culottes, chaquetitas, patucos, gorrito y hasta pañales. No sé la de horas que mi madre debió robarle al sueño para coserlo todo. Lo que os puedo decir es que solo conservo dos juguetes de mi infancia. Un oso sin ojos y el bebé sin marca. Ni idea de dónde pudo acabar la Nancy rubia.

Queridos Reyes Magos, yo sé que vosotros vivís un poco estresados porque muchos niños cada vez piden más regalos, y más caros, y como estos regalos jamás les proporcionarán lo que en el fondo ansían, sin saber siquiera que lo ansían (me refiero al amor incondicional y presente de sus padres), el resultado es que cada vez os piden cosas más caras en una espiral consumista sin control: un iPhone XR o unas Mizuno (que dentro de seis meses no podrán usar porque los niños cambian de talla de pie de una estación a otra).

Sus padres les podrían regalar el valorar que han nacido en un país donde hay paz social, donde no hay niños soldados o niñas casadas a los 12 años. Pero esos padres no tienen tiempo de hablar con sus hijos. Apenas les ven 15 minutos en el desayuno (cuando están estresados) y media hora antes de irse a dormir (cuando están agotados).

A veces pienso, queridos Reyes Magos, que me gustaría pediros un mundo en el que se valore el tiempo más que el dinero y en el que no hubiera niños consumistas que asociaran dinero con cariño, afecto con mercancías, amor con chantaje.

Pero ya sabéis, queridos Reyes Magos, que yo pido cosas muy raras.