13 ago 2020

Ir a contenido

LA HOGUERA

Contra Louis CK

Contra Louis CK

Juan Soto Ivars

El actor ha sido víctima de una justicia paralela que arrasa el prestigio con unilateralidad cruel y ligereza propia de la prensa del corazón

Desde septiembre, Louis CK reaparece por sorpresa de vez en cuando en Comedy Cellar, la sala de monólogos que fue su casa hasta que las acusaciones públicas de abuso sexual dieron al traste con su carrera. En plena efervescencia del #MeToo, la publicación en 'The New York Times' del testimonio de cinco mujeres fue un sinónimo de condena. El humorista admitió que las acusaciones eran ciertas aunque en el pasado las había negado. Quedó claro que había presionado a cinco mujeres para que lo miraran mientras se masturbaba a finales de los 90, en el 2002, el 2003 y el 2005. No hubo juicio, ni defensa, ni apelación. La máquina echaba humo y se le aplicó automáticamente la condena social máxima: el estándar de la justicia paralela.

Estreno cancelado

En un día, la distribuidora de su nueva película ('I love you, daddy') canceló el estreno, Stephen Colbert lo despidió de su programa nocturno, HBO borró sus monólogos de la plataforma y suprimió futuras colaboraciones. Un sin fin de amigos y colaboradores lo repudiaron o se mantuvieron en un atemorizado silencio. La unanimidad era tan abrumadora que asustaba. Sólo el kamikaze Bill Burr salió del redil y dijo con mordacidad que, aunque era evidente que CK había obrado muy mal, se le estaba destruyendo con la saña que se emplearía para criminales como Jack el Destripador.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Un año después reaparece en Comedy Cellar. Alguien graba y filtra los nuevos monólogos y la reacción demuestra que la actitud sumarísima no fue un calentón del momento, sino la tónica de los jueces mediáticos. Ahora lo acusan de haberse pasado a la “alt-right”. De no haber aprendido. Tildan de “amargado” a alguien que ha sido sistemáticamente difamado, que lo ha perdido todo, que se ha quedado solo. Opinan, con sus papadas iluminadas por la blancuzca pantalla de sus ordenadores, que se está “haciendo la víctima”.

Pero también los malos pueden ser víctimas. Louis CK lo ha sido. Víctima de una justicia paralela que arrasa el prestigio con unilateralidad cruel y ligereza propia de la prensa del corazón.