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ESCENARIO POSELECTORAL

El líder de Vox, Santiago Abascal.

AFP / CRISTINA QUICLER

Sorpresas conocidas

José Luis Sastre

La primera imagen política del nuevo año tenía cinco siglos de antigüedad. Los fastos por la toma de Granada –la reconquista, los reyes católicos…– acabaron convertidos en una pugna por la españolidad entre PP y Vox en medio de cánticos, gritos y repartos de banderas, las banderas que no sueltan los que se dicen contrarios a los nacionalismos. 

Todo está en orden si el debate es ese, el territorial, por donde crece la derecha y la izquierda sale siempre perdiendo y dividida. Observen las grietas del PSOE, que han vuelto a aparecer ahora después de la masilla que puso Pedro Sánchez cuando llegó a la Moncloa. Sobre el discurso catalán de la mano dura alcanzó Pablo Casado el mando en el PP, cabalgó Santiago Abascal y obtuvo Albert Rivera sus mejores resultados. 

Todo estaba en orden si el debate era la inmigración, sobre la que fue el nuevo año a dar su segunda imagen: en la frontera de Melilla, donde acuden a hacer anuncios los que se dicen contrarios a la demagogia. Casado explicó allí que su partido está dispuesto a que se abra la puerta para que los menores inmigrantes que llegan solos a España puedan ser devueltos a sus países de origen, pese a que lo impida la ley y lo desaconsejen los organismos europeos. “Los inmigrantes que quieran venir tienen que pedirlo por favor y dar las gracias”, se oyó decir en Roma a Matteo Salvini esa misma tarde.

Todo estaba en orden para PP y Ciudadanos, que se ven gobernando en las encuestas y en varias portadas junto a la extrema derecha, si el marco narrativo era el de Vox: banderas, inmigración, caza y pesca. El PP negociaba sin complejos mientras Ciudadanos trataba de colar que sólo se entendía con Moreno Bonilla, que Vox no era otra cosa más que el partido del que usted me habla. Y así es como Inés Arrimadas criticaba a Pedro Sánchez por recibir los votos del independentismo mientras se disponía a recibir los de un partido ultra que clama contra “las feminazis”. 

Lo que pasa es que el marco narrativo de Vox no es ese. No es solo ese. El marco es la lucha contra la lucha contra la violencia de género. El machismo, por llamarlo por su nombre. Eso de lo que ahora se asombran tantos y tantos gesticulan aunque, en realidad, estuvo ahí desde el día primero. Resultó que aquello que más predicó Vox fue lo único en lo que no habían caído sus socios, que son el Partido Popular y Ciudadanos por mucho que Rivera lo niegue. El marco era ese y lo sabía todo el mundo, también sus votantes, por supuesto. Si votas en contra de algo, asumes a favor de lo que estás votando. 

Se acabó el tiempo de los discursos y los propósitos para el año entrante. El año ya está aquí y es el momento en que los hechos lo retratarán todo. Casado ha explicado en Ceuta que no quiere cordones sanitarios. Casado quiere gobernar y se ve al frente de una alianza de las esencias de inspiración aznariana. El foco apunta pues a Rivera y el centrismo del que presume en Europa. Dentro de unos días, cuando toque formar un gobierno y se acabe la palabrería, saldremos todos de dudas. Por el camino, hemos despejado unas cuantas.