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Editorial

Aceras libres de bicicletas

Resulta muy conveniente que en las calles de Barcelona las bicis desaparezcan de un entorno estrictamente peatonal

Un ciclista, en una de las aceras del Eixample que ya no podrá usar a partir del 1 de enero. 

Un ciclista, en una de las aceras del Eixample que ya no podrá usar a partir del 1 de enero.  / FERRAN NADEU

La ordenanza municipal de Barcelona ya establecía en el 2015 la prohibición de circular en bicicleta por una gran parte de la ciudad, pero desde entonces el cumplimiento de la norma ha sido relativo, contando además con que se estableció una moratoria por la cual se podía transitar por las aceras de 4,75 metros, las características del Eixample. Como ya advirtió en su día la teniente de alcalde de Urbanismo y Movilidad, “la moratoria se hizo para ganar tiempo” y para conseguir ampliar hasta los 200 kilómetros (el doble de los existentes hace cuatro años) los carriles bicis. Como dijo Janet Sanz, “ahora la ciudad ya está preparada, con un carril bici a menos de 300 metros de la casa del 90% de barceloneses”.

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La moratoria se acaba este fin de año y, a partir del día 1, solo se permitirán bicis en las aceras que midan más de 5 metros de ancho, cuando cuenten con 3 de espacio libre, como, por ejemplo, en el tramo de la Meridiana sin carril. En todos los demás casos, y con la salvedad del horario nocturno y de los menores de 12 años y sus acompañantes, la ciudad se verá libre de la irrupción de las bicis en un entorno estrictamente peatonal, con el propósito de reducir los conflictos de convivencia entre los ciudadanos. Una excelente noticia que viene a sumarse a las medidas restrictivas para patinetes y otros microvehículos movidos por batería que, en determinados lugares, representan una notable alteración de la seguridad en la vía pública.