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LA CLAVE

La exalcaldesa de Madrid Ana Botella.

Luca piergiovanni/EFE

Vidas pisoteadas

Luis Mauri

Los malhechores emboscados en el PP no solo robaron a manos llenas. También pisotearon vidas. Las de centenares de familias humildes de Madrid que vivían en los pisos sociales entregados por Botella a un fondo buitre

Los malhechores emboscados en el PP de Aznar, Rajoy, Botella, Rato y tutti quanti no solo robaron a manos llenas. También pisotearon vidas. Vidas profanadas, mortificadas. Vidas hundidas. Vidas de centenares de familias humildes de Madrid que de la noche a la mañana advirtieron que su vivienda protegida ya no pertenecía al ayuntamiento. La alcaldesa Botella se las había vendido de forma irregular y a precio irrisorio a los buitres inmobiliarios. Y en la factura del alquiler ya no ponía 250 o 350 euros, sino 500 o 550 o bastante más.

El Tribunal de Cuentas ha condenado a Botella y siete exconcejales suyos a pagar 22,7 millones para reparar el quebranto causado al patrimonio municipal con aquella oscura transacción del 2013.

La condena, que todavía no es firme, resarce a las arcas municipales del daño sufrido. ¿Pero quién compensa a los propietarios de las vidas rotas por el atropello de Botella y los suyos? El gobierno municipal de Carmena tantea ahora las posibilidades de reclamar la nulidad de la venta de aquellos 1.860 pisos públicos a dos fondos buitre de Blackstone, la mayor inmobiliaria de España. De llegar a abrirse, este camino jurídico será tortuoso, incierto e interminable. Un paradigma de la célebre maldición gitana.

Paradojas envenenadas

La mayoría de los afectados no pudieron asumir el feroz aumento del alquiler tras el enjuague entre Botella y Blackstone. Unas familias, acaso las jóvenes, volvieron a casa de los padres. Otras se mudaron casi de tapadillo, sin despedirse, penando encima con la errónea vergüenza del fracaso. Otras fueron desahuciadas. Algunas cayeron en la depresión. Cinco años después de la infamia, solo un tercio siguen allí, según datos de la federación vecinal de Madrid.

¿Y Blackstone? El trato con Botella fue la primera zancada de la carrera que convirtitió en tiempo récord al fondo buitre en el emperador inmobiliario de España. Blackstone gestiona en el mundo 390.000 millones de euros, una parte de los cuales no son de potentados: maestros escoceses, bomberos californianos... La desgracia madrileña incrementa sus ahorros. Una envenenada paradoja del capitalismo. Y otra más: el presidente de Blackstone, Stephen Schwarzman, es considerado en Estados Unidos un filántropo.