29 feb 2020

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MIRADOR

De izquierda a derecha, la ministra Meritxell Batet; la vicepresidenta Carmen Calvo; el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez; el ’president’, Quim Torra; el vicepresidente Pere Aragonès, y la ’consellera’ Elsa Artadi, el pasado 20 de diciembre, en Barcelona.

JORDI COTRINA

Pirómanos y bomberos

Laia Bonet

El primer consenso respecto a Catalunya debe referirse al diálogo y ello es incompatible con una respuesta unilateral al conflicto

Hace ya tiempo escuché hablar al amigo Raimon Obiols de los conceptos de "'mejoristas'" y "'empeoradores'" para referirse a las actitudes con las que los actores políticos del país y más allá -institucionales o activistas- abordaban aquello que últimamente ha venido a  denominarse "el conflicto sobre el futuro de Catalunya". Subrayaba así la diferencia entre aquellas personas que trabajan para rebajar la tensión y buscar salidas al problema y aquellas otras que, al contrario, ponen su voz y su acción al servicio de acentuar su magnitud y sus consecuencias. Desgraciadamente, hemos visto demasiados de los últimos y demasiado pocos de los primeros. En todo caso, demasiado pocos para compensar la indiscutible mayor eficacia de los discursos 'empeoradores'.

El contexto político propiciado por el anuncio de una reunión del Consejo de Ministros en Barcelona ha puesto de nuevo a prueba la actitud y la voluntad de los diversos liderazgos políticos y sociales. Antes, durante y después hemos asistido a muchas proclamas en uno y otro sentido. Palabras como "provocación", "traición" o demandas de aplicación de nuevo del artículo 155 de la Constitución -como las últimas en boca de una Susana Díaz excluida del Gobierno andaluz- han convivido con llamadas a la calma, a la protesta pacífica, y al diálogo. Probablemente, sin sorpresas. Salvo la evidencia de que demasiado a menudo proclamas de signo contrario provenían de una misma persona. ¿Podemos seguir considerando "bomberos" a aquellos que dos horas antes eran "pirómanos"?

Ahora bien, desde la gestión última del encuentro entre presidentes a la reunión paralela entre representantes de ambos ejecutivos, pasando por el acierto del comunicado conjunto y por las reiteradas llamadas a la calma para permitir la reunión del Consejo de Ministros, todo ello muestra una clara actitud de diálogo. Un diálogo que hay que asumir que a menudo empieza por la identificación conjunta de los desacuerdos, para poder avanzar luego hacia la búsqueda de soluciones o cuanto menos, salidas: los acuerdos.

"No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan solo si marchamos por el mismo camino", nos decía Goethe. La actitud de diálogo es el camino a seguir. En otras palabras, el primer consenso debe referirse al método para abordar la solución: el diálogo. Y ello es incompatible con mantener una respuesta unilateral al conflicto.

Todo es posible

El vicepresidente Pere Aragonès afirmaba este lunes que "la primera fase es diálogo, la segunda es negociación" y "la tercera fase debe ser votación". Añado otra previa necesariamente a la votación: el acuerdo. Este aún no es posible, es verdad. Será necesario acompasarlo con la gestión de los tiempos, de las mayorías y evidentemente, de la coyuntura política y judicial. Pero al menos, el diálogo sí que debe ser posible. De hecho, mientras las discrepancias no se refieran al reconocimiento del otro como interlocutor en la resolución del conflicto, todo es posible.

Pero ello requiere conciencia del rol de cada uno y coherencia en las actitudes. El 'president' Quim Torra reclamaba este martes una propuesta del Gobierno del Estado para que el diálogo fuera creíble. Pero la credibilidad pasa sobre todo por no intercambiar aleatoriamente las actitudes de pirómano con las de bombero.