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El conflicto catalán

Cargas de los Mossos contra los CDR en Drassanes, en Barcelona.

FERRAN NADEU (VÍDEO: JULIA REGUÉ)

Las derrotas simbólicas del separatismo

Joaquim Coll

La frase de un 'mosso' a un agente rural de un CDR ('¿La república no existeix, idiota!') culmina la derrota simbólica que sufrió el independentismo el viernes pasado

Nada resume mejor lo que simbólicamente dio de sí el Consejo de Ministros en Barcelona que ese diálogo en el que un 'mosso' le acabó diciendo a un agente rural que formaba parte de un CDR, “'Què república ni que collons? La república no existeix, idiota!'”. La fuerza de esa frase se ha hecho viral porque supone un enorme jarro de agua fría para ese separatismo que se niega a reconocer la realidad: Catalunya es España y la república catalana no existe ni se la espera. Al Govern de Quim Torra no le hecho ni pizca de gracia que un 'mosso' se exprese espontáneamente con tanta franqueza. Por eso, el 'conseller' de Interior, Miquel Buch, ya avisa de que ese policía será represaliado (“se debe investigar y actuar”, ha dicho). La excusa es que llamó “idiota” (¡qué escándalo!) al manifestante CDR, que lucía su uniforme verde con casco de agente rural de la Generalitat sin estar de servicio. Esto último sí que no parece muy normal. Como ciudadano tiene todo el derecho a protestar en la calle pero sin utilizar una vestimenta oficial que le confiere un carácter de autoridad como funcionario. Pues no, el palo le va a caer al 'mosso' por decirle la verdad.

Esa frase (“La república no existeix, idiota!) culmina la derrota simbólica que sufrió el independentismo el viernes pasado. Pese a los augurios catastróficos, el balance final de la celebración en Barcelona del Gabinete de Pedro Sánchez fue positivo. No solo para los intereses del líder socialista, que ha logrado entreabrir la puerta de los presupuestos y exhibir algunas medidas sociales, sino también para los del constitucionalismo en Catalunya. El deseo de colapsar la ciudad fracasó y los Mossos hicieron bien su trabajo frente a los violentos.

Pero el broche de oro lo supuso el cambio de nombre del aeropuerto del Prat por el de Josep Tarradellas. Un gesto con el que se rescata la tan denostada Transición. Otro bofetón hacia aquellos que llaman a derribar el “régimen del 78”. El mejor homenaje a una figura que simboliza el acuerdo entre catalanes y el pacto con Adolfo Suárez para hacer posible que democracia y autonomía fueran de la mano.