DOS MIRADAS

Bondad recompensada

lloro con este ejercicio virtuoso que consiste en definir el bien sin caer en la simpleza

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Escena de ’¡Qué bello es vivir!’, un clásico navideño.

Escena de ’¡Qué bello es vivir!’, un clásico navideño.

Hoy hace un año escribí sobre la ceremonia que cada 22 de diciembre un grupo de amigos oficia en el Cinema Truffaut de Girona. Este año repito, porque son fechas de celebración y de ceremonias que se repiten, la esencia misma de la Navidad. Volver al puerto donde estamos a salvo de las embestidas y pensar que podremos llegar otra vez porque siempre es el mismo puerto, dispuesto siempre a recibirnos antes y después de los baches. El secreto es la repetición de las cosas, que tanto nos acerca a una fugaz felicidad como a la losa que nos aplasta cuando comprobamos, más allá de la rutina anual, que nunca nada es igual y que es ahora cuando las carencias justamente se hacen más visibles.

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La ceremonia del Truffaut consiste en proyectar It 's a wonderful life, la sensacional película de Capra que narra la bondad recompensada. Cada vez que la veo pienso que es mejor que el año anterior, más sutil y más nítida a un tiempo. Y vuelvo a llorar con este ejercicio virtuoso que consiste en definir el bien sin caer en la simpleza, con una estructura que combina la lágrima y el humor, el cuento y la reflexión social. Es el único cine del mundo que la proyecta cada año. Como dijo Àngel Quintana, uno de los responsables, "quizá no pasaremos a la historia, pero, si pasamos, que sea por eso". Y cada año, en medio de los habituales que mantienen la tradición, hay espectadores nuevos que descubren la desazón y la desesperación. Y la serenidad y la esperanza.