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Al contado

El presidente del Gobierno con los lídres de CCOO y UGT en la reunión que mantuvieron en junio pasado.

JOSE LUIS ROCA

Reforma, contrarreforma y diálogo

Agustí Sala

Pronto podremos comprobar si el Gobierno tiene voluntad real de cambiar la normativa laboral

Al igual que los salarios deben recuperar poder adquisitivo después de años de retroceso como consecuencia de la reforma laboral, también las normas del mercado de trabajo deben normalizarse tras una crisis. Abunda la precariedad, la temporalidad y un desequilibrio entre patronos y trabajadores en la negociación colectiva, en favor de los primeros por obra y gracia de una reforma laboral aprobada en el 2012 por el Ejecutivo de Mariano Rajoy, con el visto bueno, por cierto, de la antigua CiU, pariente no muy lejana del actual PDeCat. Eran otros tiempos, dirán algunos, ya que hoy esta fuerza independentista parece dispuesta a pactar con el PSOE una contrarreforma.

Una de las grandes promesas de Pedro Sánchez fue la abolición de la reforma, aunque luego fue aguando la idea. Dadas las dificultades de eliminarla ha apostado más por una contrarreforma parcial, a la que las organizaciones que los patronales se oponen rotundamente. Y no son las únicas. También el gobernador del Banco de EspañaPablo Hernández de Cos, que lo dijo de otra manera: mejor no revertirlas. Considera que se pueden afrontar determinados desequilibrios, como la desigualdad creciente mediante ajustes, sin necesidad de contrarreformas.   

Todas estas reacciones surgieron a raíz de las informaciones sobre un preacuerdo entre los sindicatos UGT y CCOO y el Gobierno para modificar algunos de los puntos que se consideran más lesivos de la reforma laboral del PP. La ira que desató este anuncio ha empujado a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerioa salir a la palestra para negar que se haya sellado tal pacto. Y a asegurar que se mantiene la intención de incorporar la patronal a la negociación. 

Es evidente que nace más frágil un acuerdo que no incluya a las tres partes, es decir a los representantes de los trabajadores, a la Administración y a quienes contratan a los primeros. Es, de decho, eso que conocemos como diálogo social, y al que tanto apelan todas las parte  y que el presidente del Ejecutivo central se esfuerza en destacar como rasgo de todos los ámbitos de sus políticas, de la económica a la territorial.

Pero también tiene que haber voluntad y ganas verdaderas de negociar para hallar puntos de encuentro. Lo digo porque está bien apelar al diálogo y al acuerdo, siempre que no sea una treta de una de las partes para demorar o frenar cualquier cambio. Y parece que la patronal CEOE preferiría profundizar en la reforma laboral vigente más que rebajarla.

En este contexto, tras el próximo consejo de ministros, que será el último del año, se verá si el Gobierno tiene voluntad verdadera de lanzar señales de que quiere cambiar puntos de la reforma, aun sin el aval de la patronal, o si, por el contrario, opta por esperar con el riesgo de exasperar a los sindicatos y a una parte de sus potenciales votantes.