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ANÁLISIS

Pedro Sánchez y Quim Torra, el pasado diciembre en Barcelona.

Acción y gesticulación

Eulàlia Vintró

Ha pasado el otoño que algunos querían caliente, entramos a un invierno frío que tiene en el horizonte el juicio de los presos independentistas

Después de muchos días de leer y escuchar todo tipo de proclamas, anuncios y amenazas sobre la celebración de un Consejo de Ministros en Barcelona, ​​anunciado hace meses y sin que entonces levantara ninguna reacción notable, y de asistir estupefacta al intercambio de mensajes entre los gobiernos español y catalán con respecto al escenario de una reunión entre los presidentes Sánchez y Torra, acordada hace seis meses, y no sobre los temas a tratar en la reunión, es inevitable afirmar que ha habido muchísimo ruido para lograr pocas cosas que ya no supiéramos.

El Consejo de Ministros reunido en la  Llotja ha aprobado importantes medidas: incremento del salario mínimo a 900 euros, subida salarial para los funcionarios -medidas ya conocidas-, inversiones de infraestructuras en Catalunya, el nombre de Josep Tarradellas para el aeropuerto de El Prat, la dignidad de Lluís Companys, etcétera, sin que las amenazas de manifestaciones, cortes de carreteras, marchas lentas de vehículos hacia Barcelona y otras formas de protesta, difundidas ampliamente por los medios públicos y los subvencionados, alcanzaran su objetivo de impedir la reunión, de crear un cierto caos y de mostrar que la calle es de los independentistas y no de todos.

Cambio de palabras

La reunión entre presidentes, y no una cumbre entre gobiernos como pretendía la Generalitat, y la reunión también entre ministros y 'consellers' así como la foto de pie de los asistentes a estas reuniones dio como fruto, enclenque, pero fruto, un breve comunicado donde sólo podemos destacar la voluntad de seguir dialogando de forma estable y pautada dentro del marco jurídico vigente. Ligero cambio de palabras para seguir diciendo lo que ya sabíamos desde antes del verano: diálogo en el marco constitucional y estatutario.

Este podría ser el resumen de los hechos donde sobresalen las acciones que el gobierno Sánchez se había propuesto, un encuentro con Torra y un Consejo de Ministros en Barcelona, ​​y las gesticulaciones del Gobierno catalán para impedirlas sin ofrecer ninguna alternativa mejor ni viable. Además, el tono y el contenido de las declaraciones que se han ido sucediendo a lo largo de los últimos días por parte de miembros del Gobierno catalán han puesto de relieve que no siempre valoran las consecuencias de sus palabras y que afortunadamente la ciudadanía es más responsable  que sus representantes.

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En efecto, después de atizar el fuego, de invitar a "hacer presión", de elogiar la vía eslovena con guerra incluida como modelo y de poner en duda la profesionalidad de los Mossos d'Esquadra han plegado velas y han pedido a los manifestantes calma, civismo y respeto y han dotado de un mando conjunto a las diversas fuerzas de seguridad que debían garantizar el orden y la seguridad.

El balance es agridulce: sigue el diálogo, la calle es de todos, los mossos han actuado de forma responsable, ha predominado el civismo frente a la intemperancia agresiva de una pequeña minoría, pero aquí seguimos sin gobierno efectivo.

Ha pasado el otoño que algunos querían caliente, entramos a un invierno frío que tiene en el horizonte el juicio de los presos independentistas que calentará la precampaña y campaña electoral de mayo. La huelga de hambre de algunos presos ha terminado con mucho menos eco del que esperaban. Seguro que saben a quién hacer responsable.