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Análisis

Imagen de la zona de espera de una oficina de la Agencia Tributaria durante una reciente campaña de declaracion de la renta.

EFE / Perez Cabeza

Finanzas dudosas, futuro incierto

Guillem López Casasnovas

Una mayor carga a asumir por no haber hecho los deberes en su momento, siembra hoy de dudas el futuro financiero del reino de España

España ya lleva unos años creciendo por encima de la media europea. Lo hace saltándose, año a año, las reglas de control del déficit que le impone (?) la misma UE. Haciendo esto, de hecho, a corto plazo España empuja su crecimiento por encima de los que hasta el momento han cumplido más religiosamente la regla de gasto.

Los gobiernos españoles supuestamente liberales del pasado han hecho políticas de déficit, keynesianas si se me permite la palabra. Han predicado lo que no practicaban. Y la vieja izquierda gritaba a favor de más gasto, más déficit, como le corresponde, sin considerar la base de exceso de gasto de la que ya partía el gobierno conservador.

Lo que justifica la ortodoxia de la UE frente al oportunismo español es que este 'profligacy' (libertinaje!) no tenía ni tiene, hoy, futuro. Nadie puede vivir para siempre por encima de sus posibilidades, gastando lo que no ingresa. Todo esto nos ha llevado a un crecimiento de la deuda pública sin freno. Y no en razón del coste financiero del estoc de deuda existente, ya que el tipo de interés ha sido anormalmente bajo, sino por el añadido que sobre este coste hacía cada año el gobierno del PP gastando más que lo que ingresaba.

Esta mala práctica no tiene razón de ser cuando como país se está creciendo de manera relativamente extraordinaria: si no se hace caja cuando las cosas van bien, ¿cuando la vas a hacer? Remarcamos que eran gastos adicionales a los que ya se derivaban del coste financiero de la deuda existente. Íbamos así añadiendo nueva deuda sin parar, incapaces de recaudar por encima del gasto ni cuando la economía crecía más.

Quiere decir que ni con aquel exceso se ha reducido significativamente lo que la sociedad espera del gasto público sin comprometerse a pagar más impuestos. Una irresponsabilidad que hace pensar con la madurez de la democracia española. Constatado todo lo dicho hasta ahora, continúan los discursos de gastar por encima de los ingresos presupuestados.

Que si por razones de equidad en prestaciones sociales, que si se necesitan infraestructuras, apalancar mejor la investigación, más 'ave', más de todo ... menos más impuestos, tasas o precios públicos. Por favor: ninguna otra propuesta más de gasto sin concretar su financiación. Y si se remite este a futuro (contra el fraude fiscal o reduciendo otros gastos ineficientes), que no se autoricen los gastos hasta que se concreten los ingresos. Hoy ya no solo políticos, sino también reputados economistas desde el buenismo, ignoran esta regla tan elemental, el olvido de la que las generaciones futuras no se perdonarán.

Y los vientos no soplan a favor. El coste de la deuda hasta ahora ha sido asumible por una coyuntura externa de tipos de interés bajos y una compra masiva de deuda pública fuera de toda ortodoxia por parte del BCE, de la que este jueves se ha anunciado el final. Con tipos de interés al alza, siguiendo al menos lo que ya han empezado a hacer los americanos para no perder la atracción del mercado de capitales europeos, las dudas sobre la economía española no dejan de aumentar. Sin duda, el coste financiero de aquella deuda pública será en el futuro más alto, tanto por el mayor nivel de deuda como por su coste más elevado; de modo que alegrías por más gastos sin cambios fiscales, no estarán ni se las espera.

Todo esto pasará a la economía española, de nuevo, de manera desparejada ('decoupling') del resto de la economía europea. Si en el pasado, con la entrada de la moneda con un tipo de interés pensado con una media de la UE -cuando España tenía una inflación más alta que esta media-, provocó un interés real negativo, una invitación al endeudamiento del que se derivó la crisis aumentada vivida por la economía española, como la subida de intereses nos pilla con el pie cambiado. Una mayor carga a asumir por no haber hecho los deberes en su momento siembra hoy de dudas el futuro de las finanzas del reino de España.