LARGO PLAZO

Vaso medio lleno

Sorprende el poco espacio que ocupa el ecosistema emprendedor en la agenda de los políticos y de los legisladores cuando el sector es creador de empleo y generador de innovación de futuro

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El Pier 01 de Barcelona, la casa de las start-ups.

El Pier 01 de Barcelona, la casa de las start-ups. / Elisenda Pons

El emprendedor es optimista por naturaleza. No suele quejarse más de lo necesario y siempre apuesta por ver el vaso medio lleno. Compensa las carencias del entorno y la falta de apoyos con la pasión, la constancia y la determinación. Esta tenacidad, junto a la indiscutible atracción de la marca Barcelona, ha permitido que en pocos años se haya configurado en la capital catalana un ecosistema de emprendeduría que a día de hoy se sitúa entre los 30 mejores del mundo y ocupa un espacio destacado en el podio de honor europeo. La evolución ha discurrido en paralelo a la peor crisis económica de la historia de la democracia en España y al periodo de más inestabilidad política de las últimas décadas. Sorprendentemente, el tsunami no ha disuadido a los fundadores de start-ups, inversores, y emprendedores reconvertidos en business angels de seguir adelante con sus proyectos, hacerlos crecer y lanzarlos al exterior.

El balance actual es que en Catalunya se contabilizan 1.300 start-ups que generan 13.800 puestos de trabajostart-ups, de los cuales el 26% los desempeñan profesionales extranjeros, según un estudio reciente de Barcelona & Catalonia Startup Hub. El ecosistema emprendedor a día de hoy no es la economía del futuro o un sector virtual, es la economía real que genera puestos de trabajo, riqueza e innovación. Como prueba de ello, la asociación Barcelona Tech City ha entrado a formar parte de los órganos de dirección de Foment del Treball a la par que el sector ha dado el salto al consejo general de Fira de Barcelona representado en la empresaria Mar Alarcón (Socialcar).

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Sorprende, sin embargo, el poco espacio que el sector ocupa en la agenda política. Quizás sea porque al ser un ecosistema de nueva creación no ha tenido la masa crítica suficiente como para funcionar como un lobi o bien porque los políticos piensan más en el pasado que en el futuro y adolecen de cierta miopía para el medio y el largo plazo. Sin embargo, urge que este sector, capaz de generar puestos de trabajo de futuro, reciba una mayor atención por parte de los gobernantes. Es cada vez más obvio que la tenacidad de los empresarios y el tirón de la marca Barcelona no son suficientes para que esta industria juegue en igualdad de condiciones con los países competidores que ofrecen una mejor fiscalidad, más facilidad a la hora de realizar los trámites empresariales y más agilidad a la hora de atraer el talento de países extranjeros. 

Barcelona tiene la oportunidad de pensar hoy qué quiere ser dentro de diez años. La disrupción tecnológica cambiará de manera radical la composición de la economía y la estructura de las relaciones laborales en poco tiempo. La proliferación de las plataformas tecnológicas, la irrupción de la inteligencia artificial y la robótica, y la desaparición de muchos trabajos que hoy dan de comer a personas de media y baja cualificación marcarán la agenda de los políticos. Y más vale que sea pronto que demasiado tarde.