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Dos miradas

La robot humanoide Sophia, de la empresa Hanson Robotics, durante la quinta HR Conference de Barcelona.

Elisenda Pons (El Periódico)

Robots en el valle

Josep Maria Fonalleras

Los seres humanos, por decirlo así, tienen una cierta empatía con los robots con aspecto humanoide, pero solo hasta la frontera en la que la similitud es tan intensa que el robot parece humano

Hay un aspecto de la inteligencia artificial (IA) que me parece fascinante. Es la hipótesis del "valle inquietante" ("uncanney valley") formulada por el japonés Masahiro Mori. Los seres humanos, por decirlo así, tienen una cierta empatía con los robots con aspecto humanoide, pero solo hasta la frontera en la que la similitud es tan intensa que el robot parece humano. Es aquí -y no en los prototipos metálicos o en la robotización de película- donde el rechazo o la aversión se hace evidente, justo porque percibimos con nitidez lo que el robot tiene de 'no humano'. Alguien lo ha comparado con un cadáver. Parece que exista todavía como un ser viviente, pero es en las diferencias que apreciamos allí donde nace la inquietud, porque, en el caso del cadáver, ya no está vivo, y, en el caso del robot 'todavía' no es humano, aunque se acerca.

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Durante tres lunes de diciembre, un filósofo -Joan Manuel del Pozo- y un ingeniero -Ulises Cortés- han hablado de IA en el marco de la Butaca Casademont, una iniciativa de la fundación del mismo nombre, del Ayuntamiento y de la Universitat de Girona. ¿Dónde están los límites? ¿Tienen las máquinas capacidad creativa? ¿Tendrán derechos los robots? ¿Se equivocarán y, pues, aprenderán a ser humanos? Estas preguntas -y muchas otras- se han planteado en un diálogo apasionante que se puede ver en la red. No encontrarán respuestas, pero sí el impulso del conocimiento. Como decía Aristóteles, "el deseo de saber".