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LA CLAVE

Detalle del nombre de Juan grabado en el costado del delfín que ha aparecido muerto en Roquetas de Mar.

EQUINAC

Llamadme Juan

Luis Mauri

Como un espejo oscuro, el lomo mutilado del delfín refleja la crueldad innecesaria del hombre, su sadismo vano, su miseria moral, su necia estupidez

No sabemos si Juan ha leído a Melville. "Llamadme Ismael", escribió Melville en la primera línea de Moby Dick, la novela inmensa que le dio gloria póstuma. Juan es más parco que Melville, más seco. Por lo menos, con la escritura.

"JUAN", ha escrito Juan con un cuchillo sobre el lomo del delfín. El filo de acero se ha hundido en la piel lisa y brillante. También ha rajado la recia capa de grasa que aísla del frío a estos cetáceos de sangre caliente. Juan se ha empleado a conciencia. Se ha tomado su tiempo para dejar a la vista la carne sonrosada y componer su nombre con ella. Después de contemplar su obra, Juan ha arrojado el cadáver del delfín al mar. Quizás el animal no era aún un cadáver. Es posible que agonizase todavía a causa de las muchas heridas que colmaban su cuerpo. Eso solo lo sabe Juan. Acaso también quienes le acompañaban en el barco.

Melville murió en Nueva York en 1891, sin saber que unas décadas después Moby Dick le otorgaría la inmortalidad. La honda carga simbólica de la novela, la locura autodestructiva del capitán Ahab, la enajenada persecución de la gran ballena blanca, ha propiciado durante un siglo incontables interpretaciones alegóricas, muchas de ellas de naturaleza moral. El combate contra el mal, la pulsión autodestructiva que anida en las obsesiones, la irracionalidad inabarcable de la humanidad… Borges va algo más allá y ve en Moby Dick "la novela infinita". Una historia que abarca el cosmos entero. Una novela cósmica. Pero volvamos con Juan.

Un espejo oscuro    

La obra de Juan sobre el lomo del delfín también es merecedora de análisis. Juan no ingresará seguramente en el parnaso como Melville, pero su inscripción en el cuerpo del mamífero marino también encierra una amarga alegoría. Como un espejo oscuro, el lomo mutilado del animal refleja la crueldad innecesaria del hombre, su sadismo vano, su miseria moral, su necia estupidez.

No sabemos quién ni cómo es Juan. Hasta más de 20 años después de su muerte, Melville no recibió la atención de críticos y académicos. Muy pocos lectores sabían de él hasta entonces. Es de esperar que Juan alcance también algún día el público reconocimiento que su obra merece.