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Al contrataque

La salud es lo que importa

La salud es lo que importa

Carles Francino

Las grandes corporaciones y los charlatanes de las seudociencias saben que nuestros datos personales y nuestra salud son su negocio

Hace dos años que dejé de correr y jugar al fútbol por culpa de una rodilla traicionera; la alianza entre meniscos dañados, cartílago en retirada y artrosis reumática tuvo el impacto de un golpe de Estado. Cayó el gobierno, aunque puedo ir en bici, o sea que no me quejo del todo; las dos ruedas también son democráticas. Pero me asalta una envidia sana -¿existe eso?- cada vez que alguien se calza las zapatillas y se lanza a devorar kilómetros como si no hubiera mañana.

Este domingo en Orihuela más de 4.000 personas han participado en una carrera que no tenía nada de protocolaria: se trataba de recaudar dinero para poder investigar más a fondo el cáncer de páncreas, uno de los más agresivos que existen y al que, sin embargo, apenas se dedica una ínfima parte de las inversiones.

Falta de inversiones en ciencia

María Dolores, una mujer pinturera y rocosa, me explicó el otro día en la radio que cada mañana al levantarse tarda unos minutos en recordar que convive con este molesto compañero, pero que se va acostumbrando. La pena es que su amiga Mamen, la cabezota que se empeñó en batir el récord de inscripciones para esa carrera, ya no puede acostumbrarse a nada; ni tampoco acompañarla ("era ella –lamenta María Dolores- la que estaba siempre en primera fila") porque murió hace tres semanas.

Tal cual me lo contó, yo me quedé pensando en la cantidad de iniciativas solidarias, como la de Orihuela, que motean nuestro paisaje social y que transmiten al menos dos mensajes: la fortaleza altruista de la sociedad civil por un lado, pero también la debilidad –o la insuficiencia, o la incompetencia- a la hora de asignar a la ciencia los recursos que necesita. Y sobre todo me asaltó la certeza de que la salud es, con demasiada frecuencia, un puro negocio. Hay quien habla de clientes, no de pacientes; y así nos va.

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El episodio que cuenta Bob Pop (Roberto Enríquez) en la segunda entrega de sus diarios resulta demoledor. El agudo y provocador compañero de fatigas de Andreu Buenafuente desvela que padece esclerosis múltiple desde hace años y detalla una perversa conexión entre el hospital público que le atiende, la mutua privada de la que forma parte y su propio banco, que desembocó en la llamada de una comercial preguntando: "¿No querría usted algún seguro para larga enfermedad?".

Blanco y en botella. Eso lo saben las grandes corporaciones (bancos y farmacéuticas incluidos) y también los charlatanes de las seudociencias. Claro que borraría de un plumazo mi indignación –o al menos la rebajaría notablemente- si me ofrecieran una salida airosa para mi maltrecha rodilla. ¿Sabéis de alguien?