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Theresa May llega a la cumbre de dirigentes de la Unión Europea en Bruselas.

FRANÇOIS LENOIR (REUTERS)

Ecuación imposible en el 'brexit'

Eliseo Oliveras

El propio marco de salida fijado por May impide a la UE ofrecer algo mejor al Parlamento británico

Cada vez queda menos margen para evitar que el Reino Unido abandone de forma caótica Europa

Las estrictas condiciones de salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) fijadas por la propia premier británica, Theresa May, han impedido a los Veintisiete ofrecer en la cumbre europea algo más que una declaración política de buena voluntad. Al inicio del 'brexit', May fijó como condiciones: la salida del Reino Unido del mercado único europeo y de la unión aduanera y la recuperación del control total sobre la inmigración, es decir, el rechazo frontal a la libertad de circulación y establecimiento de personas vigente en la UE. Esto último implica automáticamente la pérdida también del derecho a las otras tres libertades de la UE: la libre circulación de bienes, servicios y capitales.

Las negociaciones de Londres con los Veintisiete durante los últimos dieciocho meses han estado condicionadas por esas líneas rojas y la falta de claridad de las cambiantes demandas británicas. "Nuestros amigos del Reino Unido deben decir qué es lo que quieren, en lugar de estar preguntando qué queremos nosotros", resumió en la cumbre el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Londres no parece comprender que la UE no puede conceder a un futuro país extracomunitario un trato privilegiado igual o mejor que el que reciben los estados miembros.

En la cumbre, May no ha logrado los objetivos imposibles a los que aspiraba: el reajuste del ya pactado y cerrado Acuerdo de Retirada del Reino Unido de la UE o un compromiso legalmente vinculante para limitar el alcance del punto más polémico para los parlamentarios británicos, la red de seguridad pactada para evitar el restablecimiento de una frontera física entre Irlanda e Irlanda del Norte incompatible con los Acuerdos de Paz de Viernes Santo de 1998. Los Veintisiete reiteraron que ese es el mejor acuerdo que la UE puede ofrecer, dado el marco fijado por Londres, y que la negociación del tratado de salida quedó concluida en noviembre y no va a reabrirse.

La 'premier británica' sólo transmitió en la cumbre desorientación e inseguridad a unos Veintisiete cada vez más exasperados, con peticiones inaceptables, respuestas confusas a las preguntas de los otros líderes y sin convencer de que pueda ratificar el tratado de salida en el Parlamento. El primer ministro holandés y tradicional aliado del Reino Unido, Mark Rutte, expresó su preocupación por la enorme desconfianza británica y que ésta pueda malograr las negociaciones sobre la futura relación con la UE. Otro aliado británico, el primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen, criticó que el Gobierno conservador no hubiera pactado previamente una posición nacional con los demás partidos antes de iniciar las negociaciones con la UE.

La declaración política de buena voluntad de los Veintisiete en la cumbre no alterará la aritmética parlamentaria británica, donde May carece de una mayoría para aprobar el Acuerdo de Retirada de la UE, donde tiene en contra a un tercio de su propio grupo conservador y donde la oposición socialista maniobra para forzar una moción de censura y la convocatoria de elecciones anticipadas.

O acuerdo, o caos

May parece determinada a apurar los plazos para no dejar margen temporal a ninguna alternativa política diferente y forzar la aprobación del acuerdo de salida en la Cámara de los Comunes el 21 de enero bajo la disyuntiva de su acuerdo o el caos. La 'premier' , sin embargo, subestima la atracción por el caos que sienten los diputados de su grupo partidarios de un 'brexit' duro, ya que de forma irracional consideran que la mejor solución para el Reino Unido sería una salida sin acuerdo, pese a que todos los estudios económicos indican lo contrario.

El Gobierno británico y el Banco de Inglaterra admitieron en noviembre que una salida sin acuerdo podría causar una caída del PIB per cápita de hasta el 10%. Más del 44,5% de las exportaciones británicas van al mercado europeo, mientras que sólo 6,6% de todas las exportaciones de los Veintisiete tienen como destino el Reino Unido, según Eurostat.

A tres meses de la salida efectiva del Reino Unido de la UE (la medianoche del 29 de marzo), los márgenes de maniobra se están evaporando. La UE y los Veintisiete han comenzado a acelerar los planes de contingencia para amortiguar el impacto del cada vez más probable 'brexit' caótico. Un eventual segundo referéndum, sobre el que no existe consenso en el Reino Unido y que podría desatar un grave conflicto sociopolítico interno, no podría celebrarse antes de la prevista fecha de salida, lo que obligaría a suspender el proceso del 'brexit', con el obstáculo añadido de las elecciones europeas en mayo, en la que no ya no hay escaños para los británicos. De momento, lo único claro es que en enero o febrero habrá una cumbre europea de emergencia sobre el 'brexit'.