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Catalunya-España

Pedro Sanchez en el Congreso de los Diputados para asistir al pleno.

JOSE LUIS ROCA

Instalados en una situación sin salida

Sonia Andolz

Sánchez y Torra dejan claro que el Estado se mueve entre el diálogo con límites y la coerción, y el independentismo, entre la vía pacífica y la mayor contundencia

Emociones. Engaños. Exaltación. Medias verdades. Mentiras. Pedro Sánchez acusa el independentismo catalán de movilizar y convencer bajo estos parámetros, "igual que la campaña del ‘brexit’”. El presidente compara ambos movimientos, el independentismo y los ‘brexiters’, diciendo que utilizan las mismas narrativas de engaño e hígado, de apelación a los sentimientos y las emociones. La misma semana, Quim Torra loa el proceso de independencia esloveno como modelo para Catalunya dejando al aire la idea de que "si se quiere, se puede", y que por tanto, falta voluntad firme y determinación. Ni Catalunya es el ‘brexit’ ni tampoco es Eslovenia.

Movidos por la cabeza, el corazón o los intestinos

A la mayoría de británicos les pareció que la pertenencia a la Unión Europea no les beneficiaba suficiente y votaron a favor de abandonarla. El referéndum del ‘brexit’ fue un mecanismo democrático que la ciudadanía del Reino Unido ejerció y, como tal, ahora sus líderes políticos deben obedecer el mandato y llevar al país fuera de la Unión. Si los votantes lo hicieron movidos por la cabeza, por el corazón o por los intestinos, si acertaron o se equivocaron; si lo hicieron por razones legítimas o por razones éticamente reprobables, en realidad poco importa, puesto que el juego democrático es este: no ejercer ningún paternalismo y respetar lo que la población -de forma más o menos informada- decide libremente.

Tiene razón Sánchez cuando asegura que una parte de la narrativa soberanista apela en muchos casos a los sentimientos, a la exaltación de rasgos culturales o sociales comunes y en ideología o símbolos compartidos. Nada que no hagan otros movimientos nacionalistas o soberanistas o los propios partidos españoles. Pero no lo hace todo el independentismo, como tampoco lo hacen todos los partidos de ámbito estatal. Por lo tanto, si Catalunya fuera el ‘brexit’, los líderes catalanes deberían persistir en el camino hacia el soberanismo, ya que es el mandato que la sociedad, acertada o equivocada, de forma legítima o reprobable, ha dado. Con mayoría suficiente como para gobernar, que es lo que dictan nuestras normas. Es la política, querido

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En segundo lugar, no existe una vía eslovena por la simple razón de que Eslovenia no decidió de forma autónoma que su independencia fuera más rápida y con menos muertes que las de Croacia o Bosnia-Herzegovina. Tampoco existe como modelo de proceso de ruptura, porque el marco que ofrecía la antigua República Federal Socialista de Yugoslavia no es el mismo que ofrece España. Las seis repúblicas que formaban la antigua Yugoslavia lo hacían de forma federal e incluso así los conflictos armados se sucedieron a medida que se iban declarando independientes y las poblaciones eslovena, croata, bosnia y kosovar tomaron las armas contra el Ejército yugoslavo.

De existir, la vía eslovena diferiría bastante del ayuno pacífico. Por lo tanto, ambos líderes ponen de manifiesto que seguimos en una situación sin salida, donde el independentismo se debate entre la vía pacífica y la mayor contundencia y el Estado se mueve entre el diálogo con condiciones y límites o la coerción y control de forma autoritarias.