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Los últimos procesos de independencia en Europa

Unilateralidad y violencia

MONRA

Unilateralidad y violencia

Albert Branchadell

Desde la caída del muro, la gran mayoría de secesiones han ido acompañadas de algún tipo de conflicto bélico

Es de sobras conocido que el 'president' Quim Torra ha abogado por una vía hacia la independencia que todos los partidos excepto la CUP han criticado de uno u otro modo. En lugar de rectificar, el entorno de Torra ha venido a decir que la vía eslovena no debe tomarse como un 'pack' y que la única cosa que se quiere copiar es la "determinación" del pueblo esloveno. La pregunta que deberíamos hacernos es si es posible separar la determinación de ese pueblo de la violencia que desencadenó. En un sentido más amplio cabría preguntarse si el unilateralismo 'a la eslovena' conlleva o no alguna dosis de violencia. He aquí un asunto que solo la política comparada puede esclarecer.

Desde la caída del muro de Berlín en 1989 hasta la constitución de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk en el 2014, en Europa ha habido unos cuantos procesos unilaterales de secesión, y la verdad es que casi todos –antes, durante o después de la secesión– han ido acompañados de algún tipo de violencia armada. El caso de la antigua Yugoslavia, que empezó desintegrándose precisamente por Eslovenia, es el más claro. La independencia de Croacia supuso una guerra en toda regla, con miles de muertos y heridos y centenares de miles de desplazados. Si la guerra de Croacia fue brutal –solo cabe recordar episodios como la masacre de Vukovar en 1991– la siguiente guerra la superó con creces: en Bosnia hubo más muertos y heridos y más desplazados. En Srebrenica se perpetró la masacre más célebre de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, como colofón de otras masacres locales protagonizadas por todos los contendientes.

La secesión unilateral más reciente

En un principio, pareció que Macedonia iba a librarse de la violencia, pero no pasaron muchos años antes de que el levantamiento armado albanés pusiera el país al borde de la guerra civil. Solo la firme intervención de la OSCE y la OTAN evitó lo que podría haber sido una réplica de la guerra de Bosnia. Y la secesión unilateral más reciente también estuvo envuelta en la violencia. No se puede explicar la independencia de Kosovo del 2008 sin el precedente de la guerra que enfrentó 10 años antes a la fuerzas de la República Federal de Yugoslavia (lo que quedaba de ella) y el Ejército de Liberación Albanés, con su cuota de muertos, heridos y desplazados.

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En la URSS, las cosas no fueron distintas: la restitución de la independencia de Lituania en 1991 desencadenó los llamados 'hechos de enero' de 1991, en los que 14 civiles murieron en el ataque con tanques contra la torre de televisión en Vilnius. Letonia no vivió ningún episodio como el de la torre de televisión pero Riga también fue bombardeada por fuerzas soviéticas y registró un puñado de muertos en las barricadas que se construyeron para proteger de los ataques soviéticos objetivos claves de la capital Riga.

Pero todavía hay otros casos menos conocidos, que son los llamados 'conflictos congelados' diseminados en los confines de la antigua URSS: el Alto Karabaj (un enclave armenio en Azerbayán) tuvo su guerra, como también la tuvieron Transnistria (una región secesionista de Moldavia), Osetia del Sur y Abjazia (antiguos territorios georgianos). La guerra latente que se vive ahora mismo en Donetsk y Lugansk (Ucrania) no es más que la continuación del mismo fenómeno. Y si estalla un conflicto a gran escala entre Rusia y Ucrania siempre habrá quien lo interprete como un efecto retardado de la secesión unilateral de Ucrania.

Acuerdo amistoso de separación

Dejando Estonia aparte, pues, las únicas secesiones completamente indoloras de los últimos tiempos fueron las de Eslovaquia y de Montenegro. Las dos, precisamente, que no fueron unilaterales sino 'pactadas'. En el primer caso, más que una secesión fue un acuerdo amistoso de separación entre las élites checas y eslovacas que ni siquiera fue refrendado por la población. En el segundo caso la independencia se alcanzó en un referéndum aceptado por Serbia y patrocinado por la Unión Europea, que impuso unas condiciones (mínimo del 55% de votos afirmativos con una participación mínima del 50% del censo) que extrañamente el independentismo catalán no quiso hacer suyas a la hora de plantear lo del 1-O.

En resumen: nos guste o no, 'unilateral' y 'no-violento' son dos adjetivos que no han ido juntos en las secesiones reales que ha habido en Europa desde la caída del muro. Cuando se invocan determinadas 'vías' habría que tener muy en cuenta esta circunstancia, a menos que la paz y la seguridad no constituyan verdaderas prioridades y se esté dispuesto 'a todo' para alcanzar la independencia.