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ANÁLISIS

El actor y presentador Carlos Sobera en un anuncio de una casa de apuestas.

Permitido apostar, pero no tanto

José Luis Pérez Triviño

El año 2011 marca un antes y después en la liberalización de las apuestas deportivas en España

Dos mil once es el año que marca un antes y un después en lo que respecta a liberalización del juego en España y en particular a la aparición de apuestas deportivas. Cualquier ciudadano de una cierta edad reconocerá el cambio en el paisaje urbanístico español o en la oferta de anuncios por televisión debido al establecimiento de numerosos locales de apuestas deportivas y a la proliferación de anuncios de las mismas en los distintos medios de comunicación. Acostumbrados a la castiza presencia de Quiniela, el auge de las casas de apuestas deportivas constituye un cambio cultural que nos asemeja poco a poco a otros países donde el hábito de las apuestas está fuertemente arraigado.

Continuar con la prohibición de las apuestas significaba apoyar una concepción intrusiva por parte del Estado  respecto de la libertad de los ciudadanos de elegir cómo quieren gastar su dinero o con qué actividad divertirse. Un Estado democrático y respetuoso con la autonomía personal parece que debe tolerar el juego y las apuestas. España está en esa línea junto a una gran parte de países europeos.

Por otro lado, el aterrizaje de las apuestas deportivas ha supuesto una inyección económica muy relevante en el deporte, en forma de patrocinios a clubes o publicidad. Solo hace falta ver la cantidad de equipos de fútbol y otros deportes que lucen en sus camisetas la publicidad de las casas de apuestas más poderosas. Dado que el mercado español es joven, las casas de apuestas ven en él un enorme potencial de crecimiento y de ahí las fuertes inversiones que han realizado estos últimos años.

No todo son ventajas

Sin embargo, no todo son ventajas. Las enormes cantidades de dinero que se mueven han provocado que aparezcan casas de apuestas ilegales que manipulan las competiciones deportivas en beneficio propio, convirtiéndose este problema en la principal amenaza para las organizaciones deportivas encargadas de velar por el juego limpio de las competicion. Pero también  para las propias casas de apuestas legales que ven peligrar la indispensable confianza del apostante en la limpieza y transparencia de las apuestas.

Ahora bien, el principal problema que está provocando un replanteamiento de la actitud excesivamente tolerante hacia las apuestas deportivas  radica en el germen de adicciones que estas suponen, en especial en los menores de edad, alentados por deportistas famosos que incentivan el juego y las apuestas. Los médicos expertos en ludopatías cada día están más preocupados por las crecientes tasas de menores que llegan a sus consultorios con evidentes síntomas de adicción y con los consecuentes dramas familiares que dejan a sus espaldas. Que el juego deba ser permitido no significa que deba ser promovido o que no esté justificado establecer ciertas restricciones a su acceso dados los evidentes daños que puede provocar.

Más todavía, si quienes lo sufren son los menores que, debido a una displicente actitud de las casas de apuestas pueden jugar on-line sin apenas restricciones o acceder a los locales físicos evadiendo los laxos controles. De ahí, la necesidad de que haya un replanteamiento de la publicidad de esta empresas como también un endurecimiento de los controles.

José Luis Pérez Triviño es Profesor Titular de Filosofía del Derecho en la Universitat Pompeu Fabra y Presidente de la Asociación para la Calidad Ética en el Deporte