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DOS MIRADAS

Carles Puigdemont interviene a través de videoconferencia en el acto de presentación del Consell per la República, en el Palau de la Generalitat.

ELISENDA PONS

El Consell per la República recibe apoyo institucional, pero sigue siendo una entidad privada, es retórica se mire como se mire

Leo lo que dice un diputado del Parlament: "El Consell per la República cierra la época de las autonomías; no será retórica, será acción". No acabo de hacerme una idea de cómo se estructura este cierre y de qué persigue un Consell que ya nació con el concepto descabezado. Tenía que ser "de la República" y ha acabado siendo "por la República", porque es evidente que no la ejecuta sino que la persigue. Es una situación extraña. El Consell, presentado en Bruselas, recibe todo el apoyo institucional pero sigue siendo una entidad privada, que debe regir la constitución de un nuevo Estado a partir de las iniciativas de los particulares que se apunten. Esto es retórica, se mire como se mire, y muy a menudo, como ocurrió el día de la Purísima, la retórica tiende a la exageración.

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Hay medios que califican la instauración del ente como el nacimiento de la república de los "sin miedo". Sin miedo a ser Eslovenia (que tenía, por cierto, un Ejército y contaba con una masa crítica enorme a favor de la independencia) y sin miedo de afrontar el "tramo dramático" que pronosticó Toni Comín, y sin miedo de "pagar el precio alto, injusto e inevitable”. ¿Sin miedo de cruzar la frontera que todos sabemos y que nos lleva a lo que no queremos nombrar? Juan, el de los Hermanos Grimm, no tenía miedo, no sabía qué era temblar. Después de mil aventuras, solo lo supo cuando su mujer le tiró encima un jarro de agua helada.