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Al contrataque

Felipe VI apela al diálogo y pide acatar las sentencias.

SUSANA VERA / REUTERS

La 'Consti' se hace mayor

Xavier Sardà

Cuando ciertos políticos hablan, denotan un enorme desconocimiento sobre los debates que hubo cuando se redactó la Carta Magna

¿Qué diríamos si nuestra Constitución empezara diciendo “En el nombre de Dios todopoderoso” o “Conscientes de su responsabilidad ante Dios”? Pues así empiezan, respectivamente, las vigentes en Suiza Alemania.

La de Dinamarca dice “El Rey será miembro de la Iglesia Evangélica Luterana” y tiene una completa lista sobre cuestiones sobre las que se prohíbe la realización de referéndums como la monarquía o los impuestos.

El artículo 88 de la de Bélgica dice “La persona del rey es inviolable; sus ministros son responsables”.

La institución de la Monarquía

Estos días parece que la solución a todos los males de España pase por la reforma de la Constitución. Puede. Pero téngamos en cuenta que los cambios constitucionales no son mágicos y que la nuestra es, a pesar de los pesares, una constitución cronológicamente moderna. Cuando ciertos políticos hablan, denotan un enorme desconocimiento sobre los debates que tuvieron lugar cuando se redactó la Constitución. Todos y cada una de los artículos se discutieron y votaron. Esta fue una de las intervenciones de Miquel Roca:

“Por esto, hoy, cuando nosotros hemos dado nuevo voto favorable a la monarquía, lo hemos hecho no pensando y situándonos en una perspectiva catalana en aquel 1714, sino en aquel 1702 en el que Felipe V, el primer rey dinástico borbónico, llegaba a Catalunya para jurar su Constitución, para jurar sus derechos, para jurar sus privilegios; y en esta perspectiva de recuperar aquella historia que fue fecunda y fue positiva en aquellos momentos, en la que se encuentra, a través de la historia de la monarquía, el origen de la unidad de España como un pacto libre entre pueblos diferentes que encontraban en el mutuo respeto y en la solidaridad la fuerza de una causa común, nosotros queremos hoy abrir vías positivas de confianza, vías entusiasmadas de confianza hacia lo que puede jugar en este sentido la nueva institución monárquica que la Constitución define.”

Otros, como Heribert Barrera, manifestaron su oposición:

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“No tengo ningún inconveniente en reconocer muy sinceramente que don Juan Carlos se ha hecho acreedor al afecto y a la estima de los españoles, pero por todos sus grandes méritos y todo el honor que merece -que yo de ninguna manera quiero regatearle- no implica que necesariamente lo mejor para el país sea hoy la institución monárquica”.

No soy monárquico y soy favorable a cambiar la Constitución cuando sea preceptivo, posible y desde perspectivas progresistas. Es evidente que hay monárquicos que quieren cambios regresivos y están en su derecho. Otros se quieren marchar. Todo vale, menos la ingenuidad de las soluciones mágicas.

Trump es presidente con tres millones de votos menos que Hilary, porque así lo permite su Constitución. Cada casa es un mundo. Para dudas, Norberto Bobbio.