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EN CLAVE EUROPEA

Annegret Kramp-Karrenbaue (izquierda) aplaude a Merkel en el congreso democristiano. 

MICHAEL SOHN (AP)

La huella de Merkel en la UE

Eliseo Oliveras

La política de austeridad será el legado más duradero porque está incluida en un tratado y ocho reglamentos

La apertura de la frontera a los refugiados en el 2015 ha acentuado las preocupaciones indentitarias de los europeos

Angela Merkel, con sus 13 años como cancillera de Alemania, es la dirigente más veterana del actual Consejo Europeo y ha adquirido el rango de líder de facto de la Unión Europea (UE), por encima de los dirigentes oficiales. Bajo su mandato, Alemania ha vuelto a ejercer abiertamente de potencia política hegemónica europea por primera vez desde la primera guerra mundial. Tras apoyarse al principio en los presidentes franceses Jacques Chirac y Nicolás Sarkozy para canalizar su política en la UE, Merkel no ha dudado después en imponer sus prioridades nacionales al conjunto de los estados y ciudadanos europeos, relegando a París como miembro aquiescente del eje franco-alemán.

El legado de Merkel en la UE está marcado por su cuestionada política de austeridad y la acentuación de la preocupación identitaria en los países europeos tras su apertura de fronteras a los refugiados en el 2015Merkel contribuyó decisivamente a superar con el Tratado de Lisboa la parálisis institucional europea y apoya el reforzamiento de la política exterior y de defensa de la UE ante la volatilidad y desconfianza que genera el presidente norteamericano, Donald Trump.

La impronta más duradera de Merkel en la UE será la política de austeridad, impuesta durante la crisis de la eurozona. Esta política se ha traducido en el Tratado del Pacto Fiscal y los ocho reglamentos que regulan la política de económica de la eurozona, que establecen un ajuste permanente y que permiten a la Comisión Europea imponer sus directrices automáticamente a los gobiernos, si no hay una mayoría cualificada de países en contra, casi imposible de obtener. Esto ha desposeído a los gobiernos y parlamentos nacionales de su capacidad de decidir su política económica y presupuestaria, como comprueban España e Italia.  

La segunda recesión

La política de austeridad ha sido criticada por su ineficacia no solo por premios Nobel de Economía (Jospeh StiglitzPaul Krugman) y una miríada de economistas de todos países, sino también por políticos, como el expresidente norteamericano Barack Obama. La política de austeridad hundió a la eurozona en una segunda recesión tras la crisis financiera del 2008 y ahoga la recuperación, con previsiones de crecimiento cada vez menores desde el 2017 e inferiores a la media de 1999-2008, según los datos de la Comisión Europea.

Además de incrementar la desigualdad social y la división entre los países, la política de austeridad ha conducido al poder a la extrema derecha en Italia, como señalan el economista Dominique Plihon y el ex jefe de la diplomacia europea Javier SolanaMerkel recuperó el eslogan "No hay alternativa" de la premier Margaret Thatcher, el mismo mantra que repetía el canciller alemán Heinrich Brüning (1930-1932) cuando aplicaba la política de austeridad que llevó al poder al partido Nazi, que antes de 1930 sólo recibía el 2,6% de los votos.  

La actuación a nivel europeo de Merkel se ha caracterizado por una estrategia de "Alemania primero", como señala el politólogo Daniel W. Drezner y como confirman su gestión de la crisis griega para proteger la banca privada alemana y su veto a dotar a la eurozona de un control político democrático. Durante la crisis de la eurozona, Merkel fue criticada con dureza por figuras alemanas emblemáticas, como el filósofo Jünger Habermas y su mentor político, el excanciller Helmut Kohl, a quien se atribuye: "Está destruyendo mi Europa".

Merkel también se ha distinguido en la UE por una política cortoplacista, carente de una visión global a largo plazo y caracterizada por abordar los problemas de forma táctica en función de ventajas políticas inmediatas y con la mirada en los sondeos. Incluso su gesto humanitario de la apertura de la frontera a los refugiados fue en gran parte fruto de una lectura errónea de la opinión pública alemana a partir de los gestos de solidaridad espontáneos a las primeras llegadas de refugiados. Sus hábitos unilaterales quedaron de manifiesto de nuevo, ya que ni consultó al Bundestag, ni a sus socios europeos, pese a que la decisión afectaba al conjunto de alemanes y europeos.

Pasiva frente a Orbán

Merkel utiliza la defensa de las libertades y los valores europeos en función de los intereses políticos y las expectativas electorales. Impulsó con firmeza las sanciones contra Rusia por su intervención en Ucrania y subrayó la importancia de los valores democráticos ante Trump. Pero Merkel ha permanecido pasiva ante el desmantelamiento de la democracia en Hungría por el primer ministro Viktor Orbán, su socio en el Partido Popular Europeo, que desde el 2010 ha modificado las leyes electorales para hacer imposible la victoria de la oposición, ha silenciado la prensa crítica y ahoga a las organizaciones cívicas.