Ir a contenido

Análisis

La ilusión De Jong

AP / PETROS GIANNAKOURIS

La ilusión De Jong

Axel Torres

El talento del Ajax es un futbolista estéticamente deslumbrante, pero aún está por definir en qué posición se puede asentar en el primer nivel

La primera vez que vi a Frenkie de Jong me entró por los ojos. Fue en Estocolmo, en la final de la Europa League ante el Manchester United. Perdiendo por 2-0, Peter Bosz lo introdujo en el campo en los últimos 10 minutos para intentar remontar un partido en el que el Ajax no había sido capaz de encontrar ningún resquicio en el sistema defensivo inglés, que le negó la profundidad durante toda la noche. Sorprendió que el entrenador recurriera a él, porque acumulaba solo unos pocos ratitos con el primer equipo. En ese momento era, básicamente, un jugador del filial, y sin embargo fue llamado a participar en toda una final europea ante un adversario de aquellos que imponen por nombre, camiseta y tradición.

En ese corto espacio de tiempo aprecié que De Jong era un chico diferente. Todo lo que hacía venía acompañado de un halo estético que hechizaba los sentidos. Sus conducciones elegantes, su cabeza levantada, su atrevimiento para salir jugando asumiendo riesgos desde muy atrás, su seguridad transportando la pelota, su permanente tendencia al engaño amagando con pasar y demorando la entrega un poquito más… A la tercera o cuarta vez que firmó algún detalle fuera de lo común, verbalicé mi sensación en la transmisión de la final y me quedé con su nombre para seguirlo en el futuro.

Anticiparse al oponente en la captación parece más urgente que asegurarse de fichar lo que realmente se necesita

Pese a la magnitud de aquel impacto, un año y medio después me resulta complicado comprender todo lo que se ha generado alrededor de De Jong. Supongo que es algo que tiene más que ver con el tiempo que vivimos que con su caso particular: lo distinto, lo novedoso, lo esperanzador llega ya a todas partes muy rápido; anticiparse al oponente en la captación es más urgente que asegurarse de que se firma realmente lo que se necesita; aunque existan dudas razonables, es mejor gastar el dinero en alguien que puede ser una estrella aunque solo sea para evitar la frustración que supondría quedarse parado y ver cómo acaba deslumbrando en otro lugar.

El entorno más cruyffista del Barcelona anda desesperado reclamando su fichaje. Intuyo que en él observan las virtudes que más aprecian en el fútbol: osadía, elegancia, finura, trato exquisito del balón. Encima es holandés y juega en el Ajax. Contratarle supondría para ellos, supongo, acercarse a ese ideal de lo que debería ser su equipo y ya no es. Reclamarlo también encierra, de manera implícita, un cierto mensaje de protesta contra lo que interpretan como un pragmatismo excesivo en la actual política deportiva del club.

Con De Jong puede estar ocurriendo lo mismo que pasa cuando nos quedamos prendados de alguien precioso y ya empezamos a imaginar una vida perfecta a su lado. No hemos convivido, pero entendemos que alrededor de tanta belleza no cabe el malestar. Pero no solo le ocurre al Barça: también al PSG y al Manchester City, a los que les urge, ante todo, firmar a un medio centro. Pero De Jong aún no se sabe muy bien qué es: ha jugado de central (donde difícilmente funcionaría en una liga de primer nivel), de interior (probablemente su posición ideal) y de pivote, donde dos características de su juego dificultarían su adaptación: conduce mucho y precisa libertad posicional para descolgarse. No está nada claro que pudiera satisfacer esa necesidad de los nuevos ricos de Francia e Inglaterra.