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Iniciativa de Catalunya en Comú-Podem

El rey Felipe VI, durante su discurso sobre la situación en Catalunya, el 3 de octubre del 2017.

Llamada republicana a los socialistas catalanes

Jéssica Albiach y Lucas Ferro

Un primer paso para un diálogo de mayorías debería ser instar al Gobierno de Sánchez a retirar el recurso ante el TC por la declaración de Catalunya apostando por una república como modelo de Estado

Decía José María Aznar que VOX, el PP y Cs ocupaban el centroderecha español y que el PSOE no era una fuerza constitucionalista. Esta afirmación es la consecuencia política del discurso del Rey el 3 de octubre del 2017, buscando la legitimidad que obtuvo su padre con el discurso que pronunció el 23F tras el intento del golpe de Estado.

Las recientes encuestas indican que para el 70% de España el Rey es de derecha o de extrema derecha (frente al 1,6% que lo considera de izquierdas y el escaso 8,4% que lo considera de centro). Es el Rey, en definitiva, de las fuerzas señaladas por Aznar que hoy acosan al Gobierno de Pedro Sánchez y la mayoría parlamentaria del Congreso.

Avanzar en la nueva apuesta de país

El Rey rompió con su posición de neutralidad y es hoy un obstáculo insalvable para el diálogo y la regeneración democrática. Ante esta deriva es necesario que las fuerzas que compartimos el legado del catalanismo popular avanzemos juntas para abrir una nueva etapa.

El Gobierno del PSOE se asienta sobre una mayoría republicana y plurinacional. La clave hoy está en cooperar para hacer avanzar la nueva apuesta de país. Bloquear el debate y la acción política en las cuestiones de Estado es perder la iniciativa política.

El Gobierno de Pedro Sánchez tiene una mayoría débil. No por ningún episodio de tensión que haya habido en el Congreso, sino porque el rechazo al PP no puede ser lo que cohesione una mayoría de país. Hace falta una apuesta política que permita construir mayorías en España.

Probablemente el valor de Pasqual Maragall fue precisamente su lucidez a la hora de entender los retos políticos de su tiempo. De asumir que la Transición se había agotado y que desde Catalunya se podía impulsar una nueva etapa de avance y de modernización.

No se entiende la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero sin la iniciativa de Maragall, que no se explica sino como la voluntad de romper con el inmovilismo del pacto constitucional.

Dos elementos fueron centrales en la crisis del proyecto: la incapacidad de avanzar en el reconocimiento nacional de Catalunya y la capitulación ante las políticas de austeridad. En el segundo caso, la mayoría conservadora del TC rompió el diálogo entre instituciones y situó la Constitución como un muro que impide avanzar en el reconocimiento nacional y social.

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Toca, pues, reconstruir para avanzar. Hoy, el republicanismo es la única vía capaz de construir una propuesta de país capaz de incluir a Catalunya y de liderar una nueva etapa.

Es necesario que el socialismo catalán no ponga la excusa de ser la delegación del Gobierno en Catalunya y acompañe también la apuesta por un diálogo de mayorías. Un primer paso debería ser instar al Gobierno del Estado a retirar el recurso ante el Tribunal Constitucional por la declaración de Catalunya apostando por una república como modelo de Estado. Retirarlo sería abrir la posibilidad de cooperar y dialogar sobre una propuesta de país conjunta.

Hoy, que es clara y notoria la necesidad de desbloquear Catalunya y retomar la iniciativa, es necesario que las fuerzas que nos reconocemos en el legado del catalanismo popular nos encontremos allí donde siempre fuimos: en la voluntad de coger impulso para cambiar Catalunya y abrir una etapa de derechos y libertades en España.