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ANÁLISIS

Pedro Sánchez, en la cumbre del clima de Katowice.

El falso dilema de Sánchez

Xavier Bru de Sala

Pedro Sánchez ha encajado el revés del PSOE en Andalucía señalando a una culpable: Susana Díaz. Así se lava las manos del ascenso de la extrema derecha y de paso enseña los colmillos de tigre de bengala. Díaz le ninguneó, le utilizó como la reina se serviría de un alfil y mas tarde lo defenestró. Pero Sánchez volvió por la puerta de servicio, que abrió con la llave de la legitimidad otorgada por las bases.

Ahora, a la primera oportunidad, recoge el rédito de no haberse implicado en la campaña. Al contrario de los demás líderes, se mantuvo tan lejos de Andalucía como pudo. Quizás tenía sondeos más afinados, quizá era instinto, tal vez resentimiento. Dentro de la desgracia socialista, el presidente del Gobierno ha salido menos tocado de lo que le corresponde. Si consigue defenestrar a Díaz, se quedará sin rival interno, aunque en un futuro no muy lejano deba pasar por la oposición. Al tanto, mucho cuidadito barones del PSOE, porque Sánchez es un 'killer' que salta a la yugular sin previo aviso. Los gatos tienen siete vidas, él solo por va por la segunda.

Más allá de los réditos políticos de la revancha personal, el objetivo de Sánchez y su equipo consiste precisamente en encontrar la fórmula que le evite tener que pasar por la oposición. En términos de política general, no cabe esperar que rectifique o modifique gran cosa. Hará lo que le sale mejor, aprobar medidas a favor de sus posibles votantes, poner contra las cuerdas a la derecha y presionar a sus socios, exsocios o supuestos socios para que salven a España del cataclismo y él de abandonar el poder.

El fracaso de su partido, porque el PSOE andaluz es suyo, y más suyo que será, se le presenta también como una oportunidad. Sánchez debe de estar a favor del cordón sanitario a Vox. No solo porque es la manera más eficaz de descartar a Díaz sino sobre todo para poder señalar con el dedo a Pablo Casado y Albert Rivera porque no colaborarán lo suficiente. De modo que tendrá que arremangarse, designar un negociador, si puede ser entre los diputados en el Parlamento andaluz, y trasladarle el encargo de ofrecer los máximos sacrificios para conseguir que los doce diputados de Vox tengan voz pero sus votos no cuenten para formar o mantener una mayoría de gobierno. Naturalmente, este sacrificio deberá empezar por sacar del tablero el principal impedimento para que Cs pueda avenirse a negociar, la ganadora-perdedora de los comicios.

No actuar así, no efectuar mil y un gestos para aislar a Vox sería interpretado como la sumisión del centro-izquierda a la derecha. Sánchez no se puede doblegar a la fatalidad que ha dado la mayoría a las derechas, dejar que gobiernen juntas y así se vea como son. No puede pero le conviene. Una cosa es actuar y otra disponer de un guión oculto. Si el intento de cordón sanitario fracasa, dará las culpas a Cs.

Las mejores opciones electorales de Sánchez, casi las únicas, pasan por desplazar a Rivera hacia la derecha y quedarse todo el centro. Si le saldrá bien, está por ver. Que lo intentará procurando que no se note, casi se puede asegurar.