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IDEAS

El escritor mallorquín Sebastià Portell. 

Amores sin casa

Jenn Díaz

No se acaba nunca el debate sobre si existe una literatura femenina o no, sobre si los libros escritos por hombres y mujeres tienen diferencias de género. En el prólogo de 'Amors sense casa', de Sebastià Portell, he encontrado la respuesta: la laguna que supone que una comunidad no se exprese con su propia voz, en sus propios términos. Eso es: más allá de si la literatura escrita por mujeres es diferente a la escrita por hombres, lo que ocurrió con la llegada de las escritoras al mundo intelectual y editorial de la época significó exactamente eso: que las mujeres, su comunidad, empezaba a expresarse con su propia voz. Eso sólo significa lo que parece: que las mujeres alzan su voz, hablan de su propia experiencia, y sus personajes femeninos se basan en una mirada interior y exterior con los matices adquiridos con la experiencia. Mientras que los personajes femeninos de los escritores eran simplemente una interpretación de las mujeres, el cambio radical ocurrió con las escritoras.

Pues bien, la comunidad LGTBIQ también tiene voz propia. No la tiene en tanto que LGTBIQ, en su especifidad, sino como comunidad: se expresa en sus propios términos, y no necesita que los escritores normativos, heterosexuales y canónicos los acoten. ¿Eso significa que existe una literatura, en este caso una poesía, LGTBIQ? Eso significa que la comunidad tiene su propia manera de narrar y relatar su realidad. Nada más, y nada menos. Las mujeres, en todo este tiempo, han conseguido contar su historia a partir de sus libros, sus relatos, sus versos. No significa que sólo las mujeres puedan escribir sobre personajes femeninos, ni significa eso que haya una sola manera de escribir siendo mujer. No hablo de generalidades, sino de empoderarse también en el arte y utilizar cada una de nosotras nuestros mecanismos para descifrar el mundo que nos rodea.

Sebastià Portell reúne, por primera vez en la historia, un libro de poemas sobre hombres que aman y desean a hombres, mujeres a mujeres, sobre la extrañeza del género, la identidad y la corporalidad, sobre los amores no normativos y, por tanto, sin casa, y sobre lo que durante décadas ha sido silenciado por lo políticamente correcto. La poesía catalana LGTBIQ ha superado la falta que suponía no expresarse con voz propia: resulta que siempre la había tenido, y que el canon no se había ocupado de ella.