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MALESTAR SOCIAL EN FRANCIA

Protestas de los chalecos amarillos por las calles de París.

EASSA / AFP

El saqueo de París

Pere Vilanova

Sorprende la extrema violencia de los manifestantes en Francia de los últimos días

Los movimientos sociales no son un fenómeno nuevo en nuestras sociedades, pero a veces irrumpe alguno con ángulos novedosos que hay que interpretar con prudencia. En el caso de los famosos 'chalecos amarillos', que en los últimos días han ocupado las primeras páginas de los medios de comunicación de medio mundo, algunas de las peculiaridades merecen algunos comentarios. Por ejemplo, la extrema violencia de los manifestantes los últimos días a niveles literalmente sin precedentes.

A cualquier persona, sea o no francesa, o que esté muy familiarizada con Francia y su cultura política, el asalto y saqueo al Arco de Triunfo es insólito, En Mayo de 1968 ni al más virulento de los izquierdistas se le pasó por la cabeza tal barbaridad. Las imágenes mostradas por las televisiones francesas mostraban no solo el vandalismo de pintadas en los venerables y venerados muros de dicho monumento, mostraban igualmente el saqueo y destrozos del interior de la cripta, sus estatuas, sus muebles y objetos diversos. Solo se salvo una cosa, la llama de homenaje al soldado desconocido, héroe anónimo de la primera guerra mundial.

Unidos por la 'Marsellesa'

Y fue curioso ver en pantalla cómo se salvó: un numeroso grupo de 'chalecos amarillos', enlazados codo con codo, rodearon la llama y se enfrentaron a los otros, que querían destrozarla. Como muro de contención último, al final los defensores se pusieron a cantar la Marsellesa y ahí, todos sin excepción, firmes y a cantar. Es un dato interesante, como lo es que el día anterior, Marine Le Pen cometió un desliz significativo  cuando dijo de modo que la prensa lo escuchó: “No ataquéis a los periodistas”, pero lo dijo como quien da una orden a sus tropas. No hay líderes sindicales, los partidos de la mayoría o de la oposición parecen más desconcertados que usted y que yo, por tanto ¿con quién negociar?

En los próximos días veremos líderes varios, surgidos aquí y allá, pero de representatividad ignota. ¿Ideología? De gama amplia, desde los tradicionales 'casseurs', que asaltaron tiendas y comercios con clara preferencia por las bebidas alcohólicas y productos caros, hasta gente que venía de sectores realmente afectados por los impuestos sobre carburantes: tractoristas, transportistas, ciudadanos que dependen del coche para ir a trabajar en amplísimas zonas de la Francia rural, donde no hay transportes públicos.

Un líder cuestionado

Y un colega francés me hizo notar que, por lo que vio en la televisión y en internet, estos 'chalecos'  son todos blancos, y eso que en sus sectores profesionales, en Francia, abundan personas con tonos de piel muy variados. Y una especie de odio totalmente personalizado contra Macron, no contra tal o cual ministro. Algunos expertos apuntan a una crisis de un liderazgo demasiado personal, demasiado acelerado y en ocasiones demasiado impertinente, como cuando el presidente le responde en un tono muy arrogante, a un joven manifestante que le decía que cuesta encontrar trabajo: “¿Trabajo? Cruce conmigo esta calle y le encuentro trabajo en un momento”.  Si Macron no endereza esta parte de su estilo, que recuerda cada día más al engreído Sarkozy, no se sabe si su poder se debilitará, pero sin duda perderá autoridad.