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Análisis

La candidata socialista, Susana Díaz, comparece ante la prensa tras conocer los resultados de las elecciones al Parlamento de Andalucía.

Lecciones andaluzas

Carmen Juan

La fuerzas progresistas tendrán que hacer una reflexión profunda de estos resultados. El desgaste del PSOE no ha sido capitalizado por la izquierda de Adelante Andalucía y les ha penalizado igualmente la abstención

Andalucía nos ha dejado estupefactos. El feudo histórico del PSOE, 36 años de gobierno socialista, su principal granero de votos en España, fundamentales para mantener al partido en la Moncloa, ha sido superado en votos por la derecha. Una derecha fragmentada en tres fuerzas políticas y con un partido claramente ultraderechista, Vox, que entra por primera vez en un Parlamento español con 12 escaños. ¿Alguien tendrá que explicar por qué en tres años, Vox ha pasado de tener un 0,5% de votos en toda España al 10% de votos solo en Andalucía?

La derecha suma 59 escaños, cuatro más que la mayoría absoluta necesaria para gobernar. Aunque el PSOE ha ganado las elecciones, no suma con la única fuerza política a su izquierda, Adelante Andalucía, para retener el gobierno. No hay más suma que la derecha y parece altamente improbable que PP y Cs vayan a desaprovechar la posibilidad de desalojar a los socialistas de San Telmo, y no les temblara el pulso al abrazar a Vox. Hasta cuatro veces preguntó Susana Díaz en el último debate electoral si PP y Cs pactarían con Vox para echarla del gobierno, una duda que se ha revelado profética, aunque ninguna encuesta lo anticipaba. Por cierto, en el debate no le respondieron.

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La debacle ha sido monumental y debe haber generado ataques de pánico en las sedes socialistas de toda España, y un nuevo dolor de cabeza a Pedro Sánchez, del que Susana Díaz parece ser su Némesis. Hace poco más de un año, la lideresa andaluza era la esperanza blanca del socialismo español, ahora tendrá que administrar el peor fracaso que es perder habiendo ganado. En el amargo discurso de su noche electoral aún hizo un último intento de evitar al desastre al llamar a los “partidos constitucionalistas” a frenar a la extrema derecha, pero el PP y Cs no están por la labor.

El PP puede gobernar Andalucía con el peor resultado de su historia y Juama Moreno Bonilla puede ser el presidente autonómico menos apreciado por el líder de su partido, pero el poder es un poderoso aglutinante. Pablo Casado se ponía a prueba en Andalucía tras la renovación por la marcha de Rajoy por eso hizo suya la campaña desplazando a un candidato 'sorayista', Moreno Bonilla, que de haber fracasado tendría hoy los días contados. A Casado le ha salido bien la jugada, a pesar de que el PP pierde 7 escaños, tiene el aliento de Ciudadanos en el cogote y debe abrazarse a Vox, con quien ha entrado en dura competencia por el voto más ultraconservador, demostrando que el debate territorial y esencialista es más efectivo en las urnas que cualquier otra demanda social.

La izquierda tendrá que hacer una reflexión profunda de estos resultados. El desgaste del PSOE no ha sido capitalizado por la izquierda de Adelante Andalucía y les ha penalizado igualmente la abstención. Malas noticias para Podemos en España cuya tendencia a la baja se confirma con este resultado. Si las elecciones andaluzas eran un 'estrés test' para la política española habrá que extraer muchas lecciones y persiste la incógnita. ¿Se precipitará el adelanto electoral o se intentará ganar tiempo?