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MIRADOR

Los médicos de primaria este jueves en la Via Laietana, en el cuarto día de huelga.

JOAN CORTADELLAS

La república de los médicos

Roger Palà

El independentismo no ampliará sus apoyos con eslóganes y promesas de futuro, sino con políticas públicas que prioricen la inversión social aquí y ahora

En plena semana de huelga de médicos, maestros y trabajadores públicos, el portavoz de Junts per Catalunya, Eduard Pujol, declaró en una entrevista a Ràdio 4 que, a su juicio, la solución para la crisis de la sanidad catalana es "hacer república". Según Pujol, discutir sobre listas de espera no es "una cuestión esencial". "Nos estamos peleando por las migajas, tenemos que ir a la solución real del problema, hay que huir del estrangulamiento al que el Estado somete Catalunya", dijo Pujol.

El discurso del portavoz de JxCat no es nuevo. De hecho, es una actualización de un viejo 'argumentario' que hizo fortuna durante los primeros tiempos del proceso soberanista y que los entornos ideológicos y periodísticos de la CiU de Artur Mas amplificaron con gran éxito: aquello de 'primero la independencia y luego ya veremos si hay que hacer políticas de derechas o de izquierdas'. La versión 2.0 de aquel viejo lema, según Pujol, sería ahora 'primero hacer república y después ya abordaremos las cuestiones que no son esenciales'.

Este discurso, que durante muchos años naturalizó de forma acrítica buena parte del independentismo, ha operado como el gran desactivador del debate social en Catalunya. El 'argumentario' ha ido como anillo al dedo a la derecha catalana, porque los que hacían bandera eran los mismos que, en la práctica, recortaban la sanidad, la educación o la cultura.

Es cierto que el déficit de una financiación adecuada ha lastrado durante años las políticas públicas de la Generalitat. Pero también es cierto que durante mucho tiempo la propia Generalitat, en manos de CiU, no priorizó precisamente las políticas sociales. Parece que hace décadas, pero en realidad fue entre el 2010 y el 2012 cuando el 'Govern dels millors' de Artur Mas, al tiempo que flirteaba con el soberanismo, pactaba con el PP en el Parlament y se presentaba como alumno aventajado de la austeridad. Los gobiernos pretendidamente técnicos de Mas son los que desactivaron la inversión social, privatizaron empresas públicas o vendieron el patrimonio de la Generalitat. Hoy en día todavía pagamos las consecuencias y los recortes de aquel período están lejos de revertirse.

Discursos vacíos

A estas alturas, sin embargo, ya debería haber quedado claro que esto de "hacer república" será un proceso largo y que requerirá de amplias mayorías sociales. Si el independentismo tiene algún futuro, este pasa por tener claro que la república catalana debe ser la república de los médicos y de los maestros. Una república de escuelas y hospitales públicos, donde no haya que esperar meses para que te visite un especialista. Y eso no se consigue con eslóganes grandilocuentes, discursos vacíos y promesas de futuro, sino con políticas concretas aquí y ahora, que prioricen la inversión social e incrementen la presión fiscal a los más ricos.

Unas medidas que la Generalitat autonómica podría emprender ya ahora con sus competencias actuales. Todo ello será difícil mientras los herederos de la antigua Convergència, con el nombre que sea, sigan ostentando el liderazgo ideológico y político a base de golpes de efecto, jugadas maestras y listas únicas.