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Análisis

"Escolta, bro, ¿soc el més xarnego, sí o no?"

FERRAN SENDRA

"Escolta, bro, ¿soc el més xarnego, sí o no?"

Jordi Puntí

Tras el fenómeno exitoso del trap, la pregunta es si hay una salida para los que quieren eludir el juego de las grandes producciones, para mantener la mezcla de actitud y transgresión que les garantiza una identidad musical

Sabemos que el trap nació en Atlanta y toma el nombre de los locales donde se traficaba con droga, pero en realidad tendría lógica que la palabra también viniera del trapicheo, y aún más que el origen nos llevara a La Banda Trapera del Río, el grupo de Morfi Grei surgido en San Ildefonso. Su conexión punki con los barrios del extrarradio de la 'ciutat podrida', como una banda sonora en paralelo a la escena quinqui de aquellos años 70 y 80, encontraría su eco en los jóvenes Trapero de hoy día -menos la dosis de nihilismo autodestructivo, claro-.

"Este es el estilo que llevamos, soy neoquinqui", canta uno de los seis traperos que conforman P.A.W.N. Gang, en la canción 'Stupit'. Se basan ​​en una actitud, una estética y una música que se mueve en un terreno de representación mítica. Beben sobre todo del gangsta rap (violencia, sexismo, tatuajes, batallas de egos) y asumen que forman parte de una especie de ficción, con unos códigos definidos por el exceso, y en los que puede reflejarse el mundo de quinquis y charnegos que se convirtió legendario con el Vaquilla y compañía.

Ahora, la revolución es la pasta

¿Cómo es, pues, que a pesar del éxito evidente del trap nadie se lo ha apropiado políticamente? ¿Demasiado marginal todavía? En su reciente libro 'Trapologia' (Ara Llibres), Max Besora y Borja Bagunyà hacen un análisis tan exhaustivo como divertido del fenómeno, ya sea desde los códigos del feísmo que le dan autenticidad, o describiendo el universo de estética "del neoionqui, o del gucci-quinqui" y una "cultura de la vida chunga y la fardada", donde la ideología trap es "una especie de anarcocapitalismo celebratorio". Ahora la revolución es la pasta, nos dicen. En todo caso, Besora & Bagunyà apuntan que ya hay unos "modelnos izquierdistas" que de vez en cuando se sienten atraídos por "la mistificación de lo cani" que propone el trap.

Esta atracción, si se quiere, ha provocado una grieta en el trap desde el momento en que han comenzado a recibir atención a las webs más de moda. "Si nos tienen que decir cómo tenemos que hacer las cosas, no las hacemos", dicen los P.A.W.N Gang, en una crítica al mercado musical. Es una actitud rebelde, esencialista, similar a la de Yung Beef. En el otro lado están los que han abrazado el camino más comercial, como C. Tangana, que sale en 'Operación Triunfo' y al que han atacado porque no tiene ningún tatuaje. O como Bad Gyal, que hace dos años cantaba 'Indapanden', para afianzar en catalán su carácter personal, y ahora su progresión hacia el género dancehall, acompañada de una gran productora, la lleva a Jamaica y a cantar en inglés.

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La pregunta, pues, es si hay una salida para el trap que no quiere entrar en el juego de las grandes producciones, sino mantener la mezcla de actitud y transgresión que les garantiza una identidad musical. Besora & Bagunyà apuntan un camino: el de la distancia irónica, que les permite reírse de sí mismos y coger la pasta. Otra de las soluciones pasa, paradójicamente, por el trap en catalán, ya que goza de mucha vida en las redes sociales, tiene su propio 'star system' y en términos de mercado es menos atractivo para el 'business' internacional. Por el camino del medio, en fin, habría alguien como Lori Money: un inmigrante ilegal, llegado a España en patera, que se había dedicado al 'top manta' y puede grabar una fricada como 'Puigdemoney independentgang': "Ma votao mucha gent, lo siento Rajoy man”, dice.