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La expansión de las noticias falsas

La posverdad y los ideales de la Ilustración

FRANCINA CORTÉS

La posverdad y los ideales de la Ilustración

Mariano Marzo

Resulta esencial enseñar a pensar de manera crítica para identificar cualquier intento de manipulación

En el 2016, el término 'posverdad' fue nominado como palabra del año por el Diccionario de Oxford, que la definía como una expresión que “denota o se relaciona con circunstancias en las que los hechos objetivos resultan menos influyentes en la configuración de la opinión pública que apelar a emociones y creencias personales". En el 2017, el uso del término 'noticias falsas (fake news)' aumentó en un 365%, situándose en el primer puesto del 'ranking' de palabras del año del Diccionario Collins, que lo definió como “información falsa, a menudo sensacionalista, difundida bajo el disfraz de noticias de prensa".

Ante esto cabe preguntarse si estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo mundo caracterizado por la posverdad, las noticias falsas y las realidades alternativas no objetivas. La respuesta es negativa. Como observa Steven Pinker en su libro 'En defensa de la Ilustración. Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso', "las mentiras, las verdades a medias, las teorías de la conspiración, los extraños delirios populares y la locura de las masas son realidades tan antiguas como nuestra especie". Una constatación similar a la que sostiene Yuval Noah Hariri en 'Sapiens. De animales a dioses', quien afirma que, desde la denominada revolución cognitiva, Homo sapiens se rige en buena medida por una red de narraciones o relatos construidos sobre ficciones o realidades imaginarias; algo que, curiosamente, estaría en la base de su éxito como especie, en tanto que dichas ficciones le permiten cooperar con miles o millones de extraños, a los que no conoce, pero de los que se fía, porque comparte con ellos un mismo relato basado en diversas realidades imaginarias, llámense estas leyendas, mitos, religiones, razas, naciones, leyes, etc.

Comprobar la veracidad

Otro interrogante derivado de la situación expuesta en el primer párrafo es si todos los avances realizados desde la revolución científica en la comprensión del mundo y de nosotros mismos están predestinados a quedar soterrados bajo el aluvión de mensajes de las redes sociales, como Twitter. Y, muy probablemente, la respuesta también sea negativa. Básicamente, porque aunque los políticos suelan tomarse muy a la ligera el tema de la verdad y el número de “expertos” que decretan y manipulan por encargo la veracidad o falsedad de algo que se haya multiplicado, las mentes escépticas y críticas todavía no han sido borradas del mapa; y no solo eso, sino que además, favorecidas por la sana competitividad intelectual existente en el mundo de las ideas, han desarrollado herramientas de internet (busquen 'fact-checking' en Google) que ofrecen al ciudadano la posibilidad de comprobar en tiempo real la veracidad de supuestos hechos y noticias. Una herramienta que según Pinker hubiera sido muy útil durante el último siglo en el que los rumores falsos actuaron como desencadenantes de pogromos, disturbios y guerras (como, por ejemplo, la de España-EEUU en 1898, la escalada de Vietnam en 1964 y la invasión de Irak en el 2003). Todo ello en un tiempo en que, a diferencia de nuestros antepasados medievales, poca gente influyente creía en hombres lobo, unicornios, brujas, alquimia, astrología, sangrados, miasmas, sacrificios animales, el derecho divino de los reyes o en designios sobrenaturales ocultos tras fenómenos naturales como el arcoíris y los eclipses.

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La nuestra ha sido denominada la edad de la ciencia y esta consiste en el ejercicio de la razón. Pero el hombre no se comporta siempre como un ser racional y, de hecho, en las últimas décadas han surgido escuelas de pensamiento que defienden la idea de que el hombre es irracional por naturaleza y solo utiliza la razón de forma ocasional. Sea esto cierto o no, lo que sí está claro es que el cerebro humano es capaz de razonar bajo las circunstancias adecuadas, de modo que la solución a la sinrazón pasa, al menos en parte, por identificar tales circunstancias e implementarlas. Y en este empeño resulta esencial enseñar a pensar de manera crítica, con el propósito de poder diferenciar hechos comprobados de meras hipótesis, para luego, sobre esta base, saber identificar cualquier intento de manipulación que intente aprovecharse de nuestras carencias de información, prejuicios o sentimientos.

Como afirma Pinker, “cueste el tiempo que cueste, no debemos permitir que la existencia de sesgos cognitivos y/o emocionales, o los arrebatos de irracionalidad en la política, nos alejen del ideal de la Ilustración: perseguir sin descanso la razón y la verdad”.