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Pequeño observatorio

La lluvia de la música y el tiempo

EFE / DARREN PATEMAN

La lluvia de la música y el tiempo

Josep Maria Espinàs

Somos capaces de engañarnos a nosotros mismos, aunque pienso que a veces nos conviene, para poder sobrevivir

En algunas ocasiones llueve con una discreta pero tenaz insistencia. Así las gotas caen perfectamente paralelas y con la misma prisa. Como si la lluvia tuviera un director de orquesta. La disciplina resulta admirable.

El ritmo de la lluvia es impecable. En los momentos en los que deja de llover deberíamos aplaudir. No hay ninguna gota que quiera correr más que sus compañeras. Esto es una rareza en un mundo lleno de empujones, de codazos y de trampas que se hacen en las colas. "Yo estaba allí antes", protesta alguien. Parece que las gotas ya salgan de allí arriba perfectamente educadas.

Las lluvias están reñidas con los chubascos, que son unos maleducados. La lluvia se ve venir, y nos concede tiempo para protegernos, mientras que los aguaceros parece que disfruten cogiéndonos por sorpresa.

A mí siempre me ha gustado la música de la lluvia, que tiene un amable y discreto 'sostenuto'. El chaparrón ignora los matices de una partitura.

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'Llovizna' es una palabra muy bonita que evita la dureza de la rotundidad. Como canturrear, festejar, tantear... A veces las gotas que caen se reúnen para tener más importancia y poder convertirse en aguacero. Es una decisión que a veces tienta a los humanos. Si vamos juntos seremos más fuertes. ¿Más fuertes para qué? Este es el problema.
¿Más fuertes para hacer el bien o para hacer el mal?

Este es el dilema. Nosotros no tenemos la capacidad de elegir entre que inundaciones y sequías. Pero construimos barreras humanas en la sociedad.

El duque de La Rochefoucauld escribió: "Los hombres no soportarían mucho tiempo la vida de sociedad si no se engañan unos a los otros".

Tal vez sea así... Pero lo más triste es que somos capaces de engañarnos a nosotros mismos. Aunque pienso que a veces nos conviene, para poder sobrevivir.