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ANÁLISIS

La primera ministra británica, Theresa May,  a su llegada a una rueda de prensa tras la cumbre de los Veintisiete celebrada en Bruselas este domingo.

OLIVIER HOSLET (EFE)

Previsible y evitable disparate británico

Carlos Carnicero Urabayen

El rechazo de la Cámara de los Comunes al pacto del 'brexit' situaría al Reino Unido en un territorio desconocido

Es absurdo, pero lo hemos visto antes: países democráticos mal gobernados que, guiados por la obcecación de sus líderes, toman decisiones disparatadas, para alegría de dictadores y enemigos del progreso. Produce sonrojo que sea ahora Reino Unido el que se aproxime melancólicamente al abismo. Estos días, la viveza y agilidad de sus debates en Westminster, uno de los parlamentos más antiguos, es un brutal contraste con este primitivo suicidio asistido. 

Comparto el desahogo de un amigo británico: la obcecación de Theresa May le recuerda al coronel Nicholson, prisionero de los japonenses en 'El puente sobre el río Kwai' (1957). La construcción del puente beneficia al enemigo japonés, pero Nicholson, interpretado por Alec Guinness, llega al absurdo convencimiento de que lo más importante es perseverar en tal empeño y demostrar la moral y tenacidad del espíritu británico en las circunstancias adversas.

A May le sucede algo similar: repite que lo más importante es “terminar la tarea” que le pidieron los ciudadanos en un referéndum y asegura que este acuerdo del 'brexit' es “el mejor de los posibles”. No es casualidad que omita una comparación entre el divorcio y la situación actual. Colegas suyos, ajenos a la maldición de Nicholson, hablan con claridad.

Malo o catastrófico

El ministro de Economía, Philip Hammond, admite que cualquier versión del 'brexit' dañará la economía. Si Reino Unido sale de forma ordenada y logra aprobar el acuerdo será malo. Si lo hace por las malas, sin acuerdo, será catastrófico. Dominic Raab -hasta hace poco ministro negociador británico- reconoce que este acuerdo es peor que la permanencia en la UE.

Es comprensible la tensión que viven los diputados ante el voto más crucial de sus vidas. 'The Guardian' estima que 94 diputados del partido conservador de May votarán en contra. Los laboristas tampoco lo apoyarán. En la misma línea están los nacionalistas escoceses. Este mismo diario estima que el acuerdo cuenta con 225 diputados a favor, frente a 414 en contra, una diferencia que parece insalvable.

El rechazo situaría a Reino Unido en un territorio desconocido. En teoría las negociaciones están cerradas con la UE. Si se reabren, los cambios serían mínimos, algo que difícilmente cambiaría el voto de un gran numero de diputados. Más probable sería la dimisión de May o la convocatoria electoral. Ambos escenarios serían compatibles con una nueva consulta popular sobre el 'brexit'.

Hay otro problema: el 30 de marzo los británicos saldrán de la UE, con o sin acuerdo. Para evitar una ruptura incivilizada, podrían pedir una extensión del periodo negociador, pero todos los líderes europeos deberían aprobarlo. El 4 de diciembre el Tribunal de Justicia de la UE, a instancias de diputados escoceses, decidirá si sería legal el arrepentimiento; es decir, si un Estado miembro que ha anunciado su salida puede cambiar de opinión. El 'brexit' debería ser un disparate evitable. Pronto lo sabremos.