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Editorial

Clamor por la sanidad pública

La defensa de los derechos y las libertades pasa por proteger el servicio de salud de Catalunya, una demanda que el Govern no puede desatender

Manifestación de médicos en la primera jornada de huelga en la atención primaria catalana.

Manifestación de médicos en la primera jornada de huelga en la atención primaria catalana.

El grito de alerta es claro y contundente. Más allá de la acostumbrada guerra de cifras, el seguimiento de la huelga en los centros de atención primaria (CAP) denota la amplitud del problema y el consenso entre los profesionales de que la situación de la sanidad en Catalunya ha llegado al límite. Según los convocantes de la huelga, Metges de Catalunya, el seguimiento en la jornada del lunes fue del 77,3% en los centros del Institut Català de la Salut (ICS) y del 73% en la sanidad concertada. La Conselleria de Treball rebajó el seguimiento al 44,8% entre los médicos del ICS y al 16,2% en los profesionales de la sanidad concertada.

También en un tic costumbrista, no faltaron los políticos que se dejaron llevar por la tentación de cargar las culpas a Madrid. David Bonvehí, presidente de PDECat, apuntó que "no es que la Generalitat no haya querido aportar a la sanidad todos sus recursos, sino que la falta de financiación del Estado español conlleva que estas cantidades no sean suficientes". Eduard Pujol, portavoz adjunto de JxCat, precisó: "Hay unas limitaciones y por eso nosotros pedimos hacer república". La situación no acepta más imposturas ni más juegos de banderas. La única realidad es que Catalunya destina el 28% de su presupuesto a sanidad, mientras que la media de comunidades autónomas eleva la cifra al 33%. En ese 5% se mide la voluntad y las prioridades de cada gobierno.

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"Para nuestro paciente queremos más tiempo", coreaban los médicos concentrados en el interior de la sede del ICS. Condiciones laborales y asistenciales pésimas, consultas colapsadas y unas listas de espera insoportables. La sanidad catalana figura entre las cuatro peores dispensadas por las comunidades autónomas desde el 2015. Fue pionera en los recortes, pero a diferencia de otras autonomías, va rezagada en recuperar la inversión, a pesar de disponer de un producto interior bruto (PIB) elevado.

No hay excusas para someter a los profesionales de la sanidad a un sobreesfuerzo inhumano que ya dura demasiado ni para jugar con la salud de las personas. La defensa de los derechos y las libertades de la ciudadanía de Catalunya pasa por proteger la sanidad pública, no por gestionar en beneficio del sector privado. La semana caliente por una ‘Atención primaria, digna y respetada’ es un clamor que el Govern no puede desatender.