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Núcleos familiares

Una madre y su hijo, en una estación de tren.

JOSÉ LUIS ROCA

Feminismo afín

Jenn Díaz

Hoy en día, en que la custodia compartida es una realidad, deberíamos diferenciar lo que es una vivienda familiar de lo que es una hipoteca a medias

Una sentencia dice que si una mujer y sus hijos empiezan a convivir con la nueva pareja de la madre en la vivienda familiar, esta dejará de ser pagada por el exmarido. El feminismo estalla en cólera: no puede ser que la convivencia con otro hombre le haga perder su condición de núcleo familiar. Lo entiendo, porque históricamente la mujer no ha tenido privilegios de ningún tipo, y se ha hecho cargo de los niños y, por tanto, ha tenido más dificultades que los hombres para rehacer su vida. Por no hablar de su situación laboral, y de la precariedad en que a menudo conviven las madres separadas con sus hijos.

Sin embargo, yo, que soy feminista, no soy la primera mujer de mi compañero, sino la segunda. ¿Qué pasa conmigo? ¿Qué pasa con el segundo matrimonio de los hombres? ¿El feminismo priorizará la primera relación —y los hijos de esta— y se olvidará de que en la segunda vivienda familiar también hay una mujer —y unos hijos, a menudo— de quienes nadie se ocupa?

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Hoy en día, en que la custodia compartida es una realidad, deberíamos diferenciar lo que es una vivienda familiar de lo que es una hipoteca a medias. Porque los niños con custodia compartida no tienen una vivienda familiar, sino dos —aunque en una de ellas no puedan estar empadronados porque no existe la duplicación de padrón—. De modo que, si de verdad el debate está en qué significa un núcleo y una vivienda familiar, deberíamos olvidar los nombres que aparecen en la primera y la segunda casa.

Los hijos de padres separados con custodia compartida tienen dos casas, así que ambos progenitores tendrían que hacerse cargo de ambas casas. Si no, yo (mi núcleo), que formo parte de la segunda casa familiar, estaré haciéndome cargo de la nuestra y de la mitad de una casa en la que nunca he vivido, ni viviré. ¿Se ha olvidado el feminismo de nosotras, las madres afines, comúnmente conocidas como madrastras? ¿Se olvida el feminismo de que nuestros hijos pierden privilegios? Apliquemos el sentido común en casa caso, y reformulemos qué quiere decir hoy en día formar un núcleo familiar por segunda vez.