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Enfermedades en el mundo profesional

Atardecer con vistas a los moai de Hanga Roa, la capital de la Isla de Pascua.

OLGA MARGALEF

Discriminación poscáncer

Sílvia Cóppulo

No permitáis que os consuelen con dulces palabras y hechos amargos

Lo has pasado fatal, muy, muy mal. Pero ahora los resultados son buenos, y hasta dentro de un tiempo no tendrás que volver a someterte a esas pruebas que tanto miedo dan. Respira. Te lo mereces, ¡has luchado tanto! Con un nuevo esfuerzo, vuelves al trabajo. Pero cuando la alegría de los primeros días se desvanece, observas unas miradas extrañas, huidizas. ¿Se puede confiar en ti y promocionarte, o bien deberían tratarte como a un pre-muerto? ¿Tienes futuro? Nadie te lo pregunta directamente; es muy feo. Pero si tienen que escoger, habitualmente se inclinarán por alguien que no haya sufrido un cáncer.

¡Y qué me vais a contar de los bancos! ¿Una hipoteca? Cómo no. Antes tiene usted que contratar una póliza de vida. Te han cazado. Si en los cuadros que debes rellenar escribes cáncer, olvídate. Al banco le sabría tan mal que tuvieras que dejar de trabajar (y peligrara su recibo mensual), o directamente que te murieras…  No quieren ni imaginarse teniendo que dar el pésame a tus herederos… Olvídate de la hipoteca.

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Ahora que estás bien, quizá es el momento de plantearte tener un hijo. Con la quimio, los ovarios han quedado dañados. Adoptaremos un crío. Todos queremos lo mejor para unos niños que ya han sufrido un abandono. Pero ¿y si tuvieras una recaída? ¡Pobres niños! Pues no, tampoco vas a poder adoptar. (Si puedes, hazte congelar los óvulos antes del tratamiento). Además, si no tienes un nivel económico, social y cultural medio o medio alto, y no trabajas en una empresa que se mueva desde sus valores éticos, la discriminación laboral será descarnada. Para ser una cajera en un supermercado o trabajar como un chico de almacén, los hay a docenas que están sanos.

Me dicen que en el ámbito profesional no es ni legal ni ilegal preguntar por las enfermedades (el seguro de asistencia sanitaria es distinto). Confieso que me fastidian enormemente los vacíos legales, porque se utilizan como agujeros por donde meter a las personas para estrangularles la vida. Denunciad la discriminación poscáncer y no permitáis que os consuelen con dulces palabras y hechos amargos. El abrazo, que sea exclusivo para las personas que después de la enfermedad os ofrecen vuestros derechos a vivir en plenitud.