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Pequeño observatorio

Paisaje de la Terra Alta.

JOAN REVILLAS

Yo he sido un fotógrafo premiado

Josep Maria Espinàs

Rebuscando papeles en casa, me he encontrado con un diploma que me entregaron por mi aportación fotográfica a un concurso

No se puede decir, me parece, que yo haya sido un escritor "formal". Quiero decir, un escritor que encaja en una de las clasificaciones habitualmente aceptadas: poesía, novela, ensayo, traducción... Es cierto que he publicado libros de varios contenidos, francamente muchos, quizá demasiados, y es previsible que en las necrológicas mi nombre vaya acompañado de la palabra "escritor". Sería un poco ridículo que se hiciera constar: "autor de canciones, cantante, profesor de lenguaje o practicante de actividades diversas". Solo faltaría que se reflejara: "Autor del himno del Barça y practicante de viajes a pie".

Pero rebuscando papeles en casa, me he encontrado con una sorpresa: un diploma, pero no un diploma por algún hecho literario, sino como fotógrafo. Copio el texto del diploma, que se justifica así: "Por su aportación fotográfica al Concurso-Exposición sobre Extremo Oriente, organizado por los consulados de Tailandia, India, Japón y Pakistán".
El premio estaba patrocinado por el Ayuntamiento de Barcelona, y era el año 1971. 

Y, de repente, me pregunto: "¿Qué hacía yo en 1971?" Me parece extraordinariamente lejano. Más todavía, no lo veo. Si no me equivoco, yo estaba pensando en hacer un viaje a pie. Vivir una experiencia de proximidad, por decirlo así. Contactos fáciles con gente anónima, arraigada en unos paisajes y unas costumbres que yo podía compartir.

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Siempre me han gustado los contrastes, pero no especialmente exóticos. Me conformo con los sencillamente "diferentes". Como lo son los caminos, los gestos, los acentos, mis amigos, mis vecinos de la escalera, los cafés del chaflán... Si no me equivoco, hay una relación entre diferencia y preferencia. Sea como fuere, me gusta que los dos cafés no tengan la misma fachada.
Yo mismo, no soy el de ayer.