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ANÁLISIS

Dembélé marca el gol del empate al Atlético en el Metropolitano.

REUTERS / PAUL HANNA

El chico que arregla situaciones difíciles

Albert Guasch

Mientras Argentina volvía a firmar otra derrota colectiva en la previa de la Libertadores, convirtiendo una fiesta histórica en un espectáculo social degradante, los compatriotas Simeone Messi encabezaban un enfrentamiento en el Wanda desarrollado en un clima manso, impropio del historial entre los dos equipos. Nada que ver con aquellos duelos de fuego y acero de tantas otras ocasiones. Y ya no digamos respecto a la vergonzosa tensión experimentada en el Monumental de River.

En el fútbol más o menos civilizado de aquí, Atlético y Barça jugaron mucho rato con un respeto que solo faltó que sus jugadores se hablaran de usted. Careció el partido de dinamismo, como una carrera de vehículos averiados. Se llegó a temer en algún momento en que concluyera sin disparos a portería. Una pena alinear a dos porteros tan buenos y que ni se les viera estirar las articulaciones.

Hasta que se produjo el primer córner para los rojiblancos, a falta de 13 minutos. Ter Stegen pareció que podía sostener mejor las manos. Y hasta que entró el rápido de Dembélé, que no fue presa de la ansiedad precisamente en su proverbial gol. 

Demasiado bueno

Cuesta exigir creatividad cuando delante se planta un equipo del Cholo Simeone. Está pensado para desconectar cables. Así que nos tuvimos que entretener demasiados minutos con los trucos inverosímiles de Messi. O algunas pícaras sotanas de Busquets. Pero la electricidad no circuló en el circuito azulgrana. Colectivamente, las vueltas y más vueltas de cuchara que Ernesto Valverde dio a la alineación no formó un sistema para desequilibrar a los de Simeone.

Pero apareció Dembélé a tiempo. Esta vez sí. Solo tuvo 14 minutos, pero suficientes para que el coche azulgrana cogiera velocidad. Como el día del Rayo Vallecano, y otras tantas citas, el francés se está especializando en arreglar situaciones difíciles. Y es de esperar que este gol le sirva para recuperar la confianza del entrenador, de sus compañeros y sobre todo el respeto a sí mismo. Es un futbolista único, atrevido y con personalidad. Demasiadas virtudes como para echarlo a perder.