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Análisis

Pedro Sánchez y Pablo Casado, en la Moncloa

JOSE LUIS ROCA

La confrontación rompe el pacto

José A. Sorolla

Quizá las andaluzas lleven a Sánchez a anticipar las generales, pero según las encuestas, tal vez tampoco acaben con la inestablidad política

Tenía que pasar. El clima de confrontación en todos los frentes que domina la política española no cuadraba con que los dos principales partidos, el PP y el PSOE, se pusieran de acuerdo en algo, incluso en algo que revivía el bipartidismo y los beneficiaba a los dos. De ahí que haya saltado por los aires el pacto sobre el Poder Judicial, el único conseguido en esta legislatura atípica. La espoleta que ha detonado el explosivo ha sido un wasap de Ignacio Cosidó, portavoz del PP en el Senado, dirigido a 146 compañeros de la Cámara alta y en el que, desde el punto de vista del partido, decía la verdad: que, con el pacto y el nombramiento de Manuel Marchena al frente de Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo, el PP seguiría "controlando la Sala Segunda desde atrás y presidiendo la Sala 61", que se ocupa de delicados casos políticos como la ilegalización de partidos.

Maniobra poco hábil de Cosidó

Ante una confesión tan descarada de un alto cargo del PP, Marchena no podía consentir aparecer como un empleado del partido y ha dado una lección a los políticos al renunciar a ser elegido para unos cargos que sin duda deseaba con toda su alma desde hace años. El intento de Cosidó de echar la culpa del desaguisado al Gobierno solo empeora su posición, porque el que tendría que haber dimitido, al margen de la decisión de Marchena, era él. Pero su reacción no sorprende en alguien que se ganó la Dirección General de la Policía en el Gobierno de Mariano Rajoy dedicándose a acosar cada semana a Alfredo Pérez Rubalcaba a propósito del 'caso Faisán', el presunto chivatazo policial a ETA.

Tras la ruptura del pacto, el PP ya ha pedido cambiar la forma  de elección del CGPJ y se remite a una comisión de expertos que darán su opinión en la convención del partido a finales de enero. Todo indica que se puede repetir el bloqueo de la renovación de las instituciones que ya ordenó Rajoy en el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero. Pablo Casado, que cada día hace añorar a Rajoy, no iba a ser menos, y por eso descolocó a todo el mundo el acuerdo alcanzado tan rápidamente con el PSOE. Para desviar la atención de la responsabilidad de Cosidó y del partido, el PP reclama de nuevo la dimisión de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, a quien califica de la "más sucia políticamente" del Gobierno.

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El fracaso del pacto judicial aumenta así la sensación de inestabilidad política y se une a la falta de Presupuestos y a la quiebra de la alianza que hizo triunfar la moción de censura. Pedro Sánchez ha reconocido ya abiertamente que las posibilidades de agotar la legislatura se acortan. Es posible que fuera un error su decisión de no convocar elecciones inmediatamente, aunque estaba en su derecho de intentar gobernar. Pero sin Presupuestos y sin aliados suficientes es imposible, por lo que la llamada a las urnas no sorprendería a nadie. El frenazo económico en la eurozona es otra variable que inclina a convocar cuanto antes.

Quizá solo queda el resultado de las elecciones andaluzas para decantar la decisión. Pero, si hacemos caso a las encuestas, las elecciones puede que tampoco acaben con la inestabilidad. El PSOE puede ganar con una pequeña ventaja, pero ¿con quién gobierna?