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El problema de la corrupción

Hipocresía social ante las corruptelas

FRANCINA CORTÉS

Hipocresía social ante las corruptelas

Jesús López-Medel

Nuestro nivel de ética pública no resulta muy elevado y somos un poco lo que votamos

La ciudadanía vota en elecciones para los parlamentos, las comunidades autónomas y los ayuntamientos (estas dos últimas en breve). De ahí salen los políticos más genuinos, aquellos que se colocan en una posición de responsabilidad más pública, incluso de liderazgo, con lo que comporta para ellos un protagonismo y un nivel de sobreexposición muy elevado. 

Junto a ellos y los ministros aparecen después en puestos inferiores, hasta muy abajo, otros políticos, algunos disfrazados de técnicos pero con notable identificación con la organización gobernante, militantes partidarios y abundantes vividores profesionales del erario público. Existen muy abundantes organismos de la Administración, fundaciones y empresas públicas y en todos los niveles nos encontramos gente de ese tipo, entre los cuales no son pocos los familiares. Pero como suelen estar a niveles medianos o más bajos, no es apenas conocida la proliferación por la opinión pública. Pero los okupas políticos se extienden como el aceite. Los más enchufados, cuando pierden el poder en el Estado o una comunidad, son reubicados en otro lugar del mismo signo político.

Los políticos natos de primeras líneas son los que están más expuestos al juicio público

Sin embargo, son los políticos natos de primeras líneas los que están más expuestos al juicio publico, de ahí que algunos (es el caso de varios nuevos ministros) limiten al máximo su presencia y adopten un perfil bajo, pues por la boca muere el pez. De todos modos, con no poca frecuencia, son hechos particulares, a veces anteriores a su cargo, lo que les hace que se encienda un foco sobre ellos.

Ahora parece que remite el inmenso ladrocinio que durante muchos años ha sido algo innato a no pocos dirigentes con graves escándalos que solo en algunos casos están en manos de la Magistratura (no pocos se han ido de rositas) y en alguno fue declarado judicialmente responsable por vía penal el propio partido político, como pasó con el PP.

Pero junto a esos escándalos a gran escala, siguen surgiendo hechos que sin ser casos clásicos de corrupción con dinero por medio, sí que ponen en entredicho la honestidad de nuestros políticos y que algunos medios de comunicación destapan, mientras que otros callan. Los varios casos de obtención fraudulenta de másteres académicos, los copieteos de páginas y paginas literales en trabajos universitarios, la actuación previa muy confusa e información privilegiada de políticos en órganos de empresas privadas de puertas giratorias..., son algunos de los casos de la actualidad.

Ejemplos de tramas organizadas

La pregunta ahora es la siguiente: ¿Cómo reacciona la sociedad ante esto? Anticipo mi respuesta: de modo hipócrita. Sobre los grandes robos a manos llenas que se han producido en años (la foto de la boda 'semirreal' de El Escorial organizada por los Aznar fue expresión clara), la gente sabía ya de ello. Madrid, Comunidad Valenciana, Baleares, Catalunya y Andalucía, eran ejemplos vivos de tramas organizadas ya conocidas. 

Pese a ello, durante mucho tiempo, los partidos corruptos allí siguieron gobernando un tiempo. En algunos casos perdieron el poder pero siguieron manteniendo gran apoyo popular. La gente se escandalizaba pero seguía votando lo mismo. El PP lo ha pagado, aunque solo en parte, por este motivo. Esa aceptación social siempre me pareció un gran cinismo.

Si durante tiempo una parte de la población seguía con una mezcla de aparente escandalización y aceptación resignada esa corrupción a gran escala, ahora que por fin algunos jueces actúan, lo que ahora está saliendo sobre casos citados parece ser enjuiciado con severidad episodios menos graves.

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Pero la sociedad española no tiene mucho derecho a quejarse, pues ella es también así. Somos, un poco, lo que votamos. Nos guste o no, aquí abundan los rinconetes, los tramposos, los pícaros. Con lo que pueden, se llenan su mochila. El nivel de ética pública social no es muy elevado en el país. Por eso, exigir que nuestros políticos sean intachables e inmaculados parece que no es propio de una sociedad donde no pocos de sus ciudadanos que tienen la oportunidad de hacer trampas en su beneficio las hacen sin duda.

Ha habido un mantra lanzado hace tiempo por los más corruptos que ha calado en muchas personas: considerar respecto que los políticos "son todos iguales". Esto es muy falso, pues en todos los grupos hay bastantes políticos honrados y, además, pretender igualar por abajo y generalizar crea una sensación de cierta aceptación o resignación por inevitable y, por consiguiente, de unos márgenes de tolerancia que deben ser rechazados.