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Negar la sindicalización a las prostitutas puede reforzar la idea que son cuerpos sin derechos listos para ser consumidos. Eso sí que legitima la prostitución

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Unas prostitutas en una calle de Barcelona.

Unas prostitutas en una calle de Barcelona. / ELISENDA PONS

Uno de los argumentos de las feministas abolicionistas contrarias a la legalizaciónfeministas abolicionistas de la Organización de Trabajadoras Sexuales (Otras) es que el sindicato legalizaría de facto el proxenetismo. Es curioso, teniendo en cuenta que el Tribunal Supremo legalizó en el 2004 una asociación de empresarios del sector, la Asociación Nacional de Empresarios Mesalina.

La ausencia de un modelo integral sobre prostitución en España, que ni la considera ilegal ni la admite como relación laboral, como sí hace con el cine porno o el estriptís, ha facilitado que el sector del trabajo sexual tenga patronal, pero no sindicatos. Negar un derecho fundamental como la sindicación a un colectivo ya de por sí vulnerable, para tapar tan magno desaguisado, es cuestionable. Si Otras refuerza el poder de los proxenetas es algo que debe dilucidarse mediante la fiscalización de sus actividades por parte del periodismo, la militancia feminista y la academia.

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Un sindicato no arreglará todos los problemas de las prostitutas. La prostitución existe porque la sociedad ha considerado el deseo sexual del hombre como un derecho que debe ser satisfecho por las mujeres. Hay que sumarle la mercantilización de los afectos en las sociedades capitalistas, la precarización de la vida –que aboca a muchas personas a decidir no sobre un trabajo, sino sobre una forma de explotación– o las políticas migratorias que limitan el acceso a los países de destino por vías seguras, así como la capacidad de las mujeres migrantes de decidir a qué empleos dedicarse.

Abordar estos temas requiere de políticas públicas amplias y de calado estructural, que tardan tiempo en dar sus frutos. Mientras, habrá mujeres que optarán por la prostitución para sobrevivir. Muchas prostitutas dudan sobre si lo mejor para su situación es la prohibición de la prostitución o su regularización. Hay más consensos en la necesidad de medidas para hacer valer sus derechos. Mi principal temor es que negarles la sindicalización refuerce la idea que son cuerpos sin derechos listos para ser consumidos. Eso sí que legitima la prostitución.