Recobrar la identidad de un paseo emblemático

Si la Rambla late, late Barcelona

Estamos a tiempo de recuperar un paseo que Carvalho no sintiera ajeno y que los 'millennials' sientan como propio para dibujar el futuro

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El pavimento de la Rambla en forma de olas que será sustituido.

El pavimento de la Rambla en forma de olas que será sustituido. / FERRAN NADEU

La Rambla anticipa todo lo que pasará en Barcelona. El paseo más emblemático de la ciudad hace años que avisa de la masificación turística y de la pérdida de identidad. En los últimos años, muchas hemos sentido cómo lo íbamos perdiendo y cómo se hacía cada vez más incómodo. Pepe Carvalho no lo hubiera reconocido si hubiera vuelto a su despacho de la rambla de los Capuchinos y Biscuter tendría dificultades para comprar los ingredientes para las jugosas comidas que preparaba a su jefe.

A pesar de las grandes movilizaciones feministas de hoy en día, la Rambla de ahora no sería el lugar que escogerían los Ocañas contemporáneos para desafiar al orden establecido. Y, sin embargo, en la Rambla hay vecindarioentidades y comercios arraigados que, como los paseadores de la ciudad, son, a partes iguales, vecinos y resistentes que luchan por defender este espacio. La ciudad es tozuda y no renuncia a la Rambla. Sant Jordi es el ejemplo anual en el que vuelve a ser ciudadana y vivida, y el terrible atentado del 17 de agosto nos hizo volver a todas con la voluntad de reivindicarlas y defenderlas como parte de nuestra identidad. Si la Rambla late, late Barcelona.

Devolver la Rambla a los barceloneses

Ahora es el momento de recuperar la Rambla, y no puede ser solo a través de un proyecto de urbanización. Se ha llevado a cabo un proceso de cooperación inédito y ejemplar entre ciudadanía y Administración a lo largo de un año que ha dado como resultado una serie de estrategias culturales, y de intervención en el ámbito social, económicourbanístico y, finalmente, sí, también arquitectónico. El objetivo que planea por encima de todas las propuestas es devolver la Rambla a los barceloneses y las barcelonesas. Para hacerlo tiene que dejar de ser una pista de obstáculos.

Eso requiere incidir en la movilidad: reducir el tráfico solo para vecindario, distribuidores de mercancías y transporte público, y ampliar las estrechísimas aceras actuales. Gestionar los flujos de peatones y la afluencia turística, modernizar las infraestructuras en clave de sostenibilidad y ordenar los diferentes elementos que ahora dificultan el paso (quioscos, puestos de flores, alumbrado, terrazas, etcétera). Potenciar la Rambla como un eje cultural que dinamice la gran cantidad de equipamientos culturales del paseo para atraer de nuevo a los vecinos de la ciudad, e impulsar actividades comunitarias y sociales. Hacer que la Rambla llegue hasta el mar, y mejorar la conexión entre el Barri Gòtic y el Raval, potenciando tres espacios de encuentro y tráfico naturales: a la altura de Carme, en el Pla de l’Os y en la plaza del Teatre. La Rambla contará con tres espacios mayores, una suerte de plazas ante la Virreina y el Palau Moja, el Liceu y el Teatre Principal, que permitan tener espacios de estancia y resalten el patrimonio arquitectónico que tenemos en el paseo, conectando mejor la Rambla con sus extremos.

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Y, además, apostar por evitar una mayor gentrificación y la pérdida de vecinos y usos, impulsando planes urbanísticos que protejan el derecho a la vivienda y promuevan la diversificación comercial. La Rambla es un patrimonio de la ciudad y un espacio que necesita intervención sensible y cuidadosa. Una intervención que incorpore miradas múltiples y sea fruto de un consenso de ciudad, y que haga que las comunidades diversas del Raval, del Gòtic y de toda la ciudad vuelvan a apropiarse de un paseo universal que muchos consideramos que cada vez es menos apto para vecinos. Estamos a tiempo de recuperar una Rambla que Carvalho no sintiera ajena para su "fecunda humanidad" y que los 'millennials' sientan como un espacio propio para dibujar nuestros futuros, que son el futuro de Barcelona.