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MIRADOR

El president Torra preside la cumbre en el Palau de la Generalitat

FERRAN NADEU

Las condiciones para el diálogo

Joaquim Coll

Tener una actitud favorable al diálogo implica mucho más que el hecho de reunirse

Es positivo que el independentismo empiece a aceptar, aunque sea a regañadientes, que hay un conflicto interno y que el diálogo en Catalunya es previo e imprescindible para encontrar una solución. Cuando tiempo atrás algunos afirmábamos que este no era un problema entre "el pueblo catalán" y el Estado español, sino principalmente entre catalanes, recibíamos el desprecio de los nacionalistas. Por tanto, no es menor el paso dado ahora y Miquel Iceta puede apuntarse en su haber que Quim Torra haya aceptado convocar una cumbre de partidos en forma de "mesa de diálogo".

Lo que ocurre es que tener una actitud favorable al diálogo implica mucho más que el hecho de reunirse. De lo contrario, no es más que una posición retórica que anticipa un fracaso o, peor aún, esconde una posible trampa. Algunos corren a criticar la ausencia de Ciutadans, la fuerza más votada en las autonómicas, insistiendo en el latiguillo de que "viven del conflicto". Pero, en realidad, estos con su negativa lo que denuncian es que no es suficiente con afirmar que "hay que dialogar". Primero hay que acordar el cómo.

Todos los organismos internacionales en la gestión de conflictos exigen a las partes dos requisitos previos para el inicio de un diálogo: el respeto a la ley y el cumplimiento del principio de neutralidad de la instituciones. Desgraciadamente, estos dos elementos en Catalunya no se cumplen. La "mesa del diálogo" ha sido convocada en el Palau de la Generalitat en cuyo balcón hay una pancarta que exige "libertad presos políticos y exiliados".

Es un hecho doblemente inaceptable porque, primero, significa que desde la política se puede vulnerar el Estado de derecho sin que eso tenga consecuencias. Los encausados no lo están por haber permitido una votación, como dice Torra, sino por haber intentado liquidar la democracia constitucional. Y, segundo, la presencia de esa pancarta, como ejemplo de otras muchas cosas, refleja que las instituciones del autogobierno están volcadas al servicio de una causa partidista. El diálogo es imprescindible, pero requiere de unas condiciones que hoy todavía no se dan.